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| Fotografía Jerome Mintz |
En la actualidad la celebración de los ritos religiosos se ha mercantilizado y se realiza en locales de empresas privadas. Así se celebran en locales privados los bautizos, las comuniones, las bodas o los velatorios. En la sociedad tradicional todos los ritos sociales tenían un carácter cultural y se realizaban en las viviendas propias. El nacimiento, la muerte, las bodas, las comuniones, las matanzas o diversas celebraciones siempre se hacían en la propia casa. Era un mundo donde el dinero no tenía el papel básico que tiene en la actualidad y donde la solidaridad entre los vecinos y familiares tenía un rol muchos más importante que en la actualidad. Esta ayuda y colaboración se hacía presente en momentos importantes, ya fuera en el nacimiento, en la muerte, en la celebración de la despedida de la infancia, el matrimonio o el rito festivo alimenticio de la matanza.
La muerte de un familiar se convierte en un rito social y cultural que presenta características especiales en cada civilización. Cuando una persona moría se amortajaba, antes el cura le había dado la extremaunción, la familia o los vecinos se encargaban de amortajar al difunto, después se avisaba a todo el pueblo por medio de las campanas, con un sonido lento se advertía que alguien había fallecido. El toque de campana variaba si era hombre o mujer. Luego venía el velatorio, que consistía en el duelo de la familia al muerto durante 24 horas. El velatorio es un rito que posibilita el tránsito de la muerte, la pérdida de un ser querido y cuyo objetivo fundamental es apaciguar el dolor que produce el cadáver y la idea de la muerte. El velatorio se hace en la casa de la familia y cuenta con la presencia de amigos, conocidos y familia. Como se ve en esta fotografía del velatorio de la familia Cortabarra en la calle Nueva. Los vecinos y la familia se encargan de las labores de logística para atender a la gran cantidad de público que acude a la casa del muerto para mostrar su solidaridad y acompañar en esos duros momentos a la familia del pueblo. Así ellos se encargan de las sillas, del bracero o de aportar las bebidas y comidas necesarias. Es un momento en el que se ponen en marcha los lazos de solidaridad local.
