Tres mujeres adultas, una joven y otra mayor pasan el tiempo en la calle. La mujer mayor (primera por la izquierda) era conocida como «la Sagrada»; la tercera es Isabel Cruz Vidal; al lado, con dos globos, su hija, Antonia Macías Cruz; y a la derecha del todo, Francisca Caravaca. Tres generaciones charlando en la calle San Andrés, que, pese a la poca entidad que tenía, bullía de mujeres durante el día; los hombres, que estaban trabajando o en el bar, les dejaban ese espacio.
De los tres sectores sociales referidos al género y a la edad (hombres, mujeres, y niños y niñas), las mujeres tenían el rol más débil y eran el eslabón menos fuerte de la cadena. En lo que se refiere al ocio y entretenimiento, no tenían derecho a él, pues las labores de la casa, tan amplias e inabarcables, se lo impedían. No obstante, se organizaban como podían, sin renunciar a las charlas con las vecinas de las que tanto disfrutaban, ya fuera de camino a la tienda, en la tienda, en la calle o en la puerta de la casa, como vemos en la fotografía. Es esta una forma de ocio y entretenimiento que más que elegida es casi otorgada.
La solidaridad y la camaradería entre las vecinas eran tales que se vivía con las puertas de las casas y las chozas abiertas, para que pudieran entrar sin ningún problema. La empatía y fidelidad entre mujeres es tan elevada que ha dado lugar a grandes historias de amistad.
En la época a la que hace referencia esta imagen (y toda la exposición), se hacía mucha vida en la calle; la tertulia entre vecinas es una muestra importante de ello. En ciertos ambientes, estas tertulias son conocidas como «radio patio».
