el dualismo…van a ser frecuentes para entender la historia de Casas Viejas.
Estos presupuestos, en principio, parten de un hecho dual. Casas Viejas se
sitúa en una posición envidiable estratégicamente, al sur del sur, en el centro
de la provincia de Cádiz, entre dos mares y dos continentes… pero sus
vicisitudes históricas han estado caracterizadas por el aislamiento, la
marginalidad, el alejamiento del poder, la lejanía de la centralidad y la
permanencia en la periferia. Esto explica el rico legado histórico
(Prehistoria, con el Tajo de las Figuras como emblema, Medieval con la torre
Benalup o Moderna con el Monasterio del Cuervo) pero que como población estable
no apareciera hasta el siglo XIX dentro de la construcción del estado liberal
que significó el reinado liberal, con la imposición del sistema democrático en
política y la desamortización en economía.
de Casas Viejas
ha querido relacionar el topónimo de Casas Viejas con la existencia de chozas
como vivienda habitual, pero ello es otra falsedad más de las muchas que hay
entorno a la historia de este lugar. Casas Viejas aparece en las fuentes
escritas desde 1555. Se trata de un sitio o lugar con poblamiento disperso. Por
tanto el topónimo corresponde a una serie de casas distintas entre sí. Son diversos los topónimos que se utilizan
para nombrar a los lugares donde hay población no concentrada, aquellas que no
tienen la entidad de un pueblo o aldea, entre ellas habría que citar el
hornillo (lugar donde hay hornos de pan), el sitio, el pago, el caserío o las
casas. Este último es el que más éxito tuvo en el caso que nos ocupa. En 1821,
durante el trienio liberal hay un primer intento de crear un pueblo estable e
independiente, pero los Cien mil hijos de San Luis y la restauración
absolutista fernandina permitieron a
Medina Sidonia que impusiese su deseo de no permitir la creación de una
población estable e independiente en su término. Pero trabajosamente, a base de
asentamientos ilegales, las famosas chozas, se fue creando una población que
creció exponencialmente a lo largo del siglo XIX. Este crecimiento está ligado
a la desamortización y a los repartos que crearon un tipo de latifundismo
clásico que necesitaba una abundante mano de obra barata y sumisa. Por tanto la
desamortización hay que relacionarla con la aparición de la propiedad privada, la pérdida de los bienes
comunales y la proletarización y conversión en jornaleros de los antiguos
campesinos autónomos y libres que tenían en estos bienes perdidos tras los
repartos y las desamortizaciones del siglo XIX una de sus bases económicas.
