Los historiadores utilizamos un lenguaje muy técnico y sesudo para hablar de aspectos que nuestros mayores conocían y lo contaban con la mayor naturalidad del mundo. Esa diferencia entre un tipo de lenguaje y otro y el valor que tienen los testimonios de los años sesenta sobre la historia de este pueblo es lo que me gustaría destacar ahora. Hecho que no sería posible sin el trabajo de campo de Mintz, percatándose de esas dos realidades antes comentadas.
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Llamo vuestra atención sobre la forma tan sencilla que tienen de explicar estas fuentes orales a Mintz, como hasta el siglo XIX aquí no había población concentrada, sino dispersa. Que en estos lugares, además de la desamortización o subasta pública de fincas influyó mucho los repartos. Y que estas suertes que aparecieron como consecuencia de los repartos terminaron en manos de unos pocos. Tenemos el latifundismo, el problema agrario y el origen de este pueblo establecido.

