Traigo hoy a esta sección de las tomas desechadas que grabó Mintz a finales de los sesenta y principio de los setenta varias escenas relacionadas con la infancia. Aunque estamos asistiendo a la llegada de la modernidad los cambios son tan acelerados que conviven estos con otros elementos más antiguos.
Es sabido que en situaciones de penuria, de crisis, las mujeres y los niños son los grupos más perjudicados. Empieza este vídeo con una escena de un grupo de ellos, los hermanos Mateo Montiano trabajando en los Arenalejos. El trabajo de los niños todavía no había desaparecido del todo y la educación no se había generalizado para todos los estamentos sociales. Mintz los graba escardando, con unas herramientas demasiado pesadas para su edad.
La segunda escena corresponde a la salida del colegio de las niñas del aula de la calle Fuentes. Mintz vivía allí en régimen de alquiler en una vivienda propiedad de José Fernández Vela, desde la ventana filma como las niñas se dirigen a su casa. Una de ellas se encuentra con su abuelo, Alfonso el ciego y lo saluda efusivamente. El local de la escuela era alquilado y presentaba malas condiciones. No va a ser hasta 1969 cuando se inauguran los primeros equipamientos educativos públicos, el C.P. Padre Muriel, al inicio de la calle Nueva.
El tercer bloque también corresponde a una escena relacionada con el colegio. En este caso la guardería de Pilar Sánchez Bancalero. Un hijo de Juan Castillo asiste a ella y Pilar enseña a otros a leer. A diferencia de otras etapas educativas, los niños y las niñas comparten aula.
El cuarto bloque también lo es para una escuela, en este caso en el campo, en los Arenalejos. Los padres de los niños Mateo Montiano y de algunos vecinos más han contratado los servicios de un maestro itinerante; José María Jiménez Duarte. Todavía hay gente que vive en el campo y la enseñanza pública no llega a ellos, por lo que son las propias familias las que deben buscarse la manera de educar a sus hijos. Hay un respeto y un clima de interés por la educación muy destacable. Tanto el maestro, como los niños, como la madre le enseñan a la cámara de Mintz sus progresos en el aprendizaje.
En el quinto bloque aparecen varias niñas de la familia Jiménez Muñoz bailando. A Mintz le llama mucho la atención que pese a las insuficiencias y penalidades generalizadas reina la alegría por todas las partes. Como escribió Isabel Mintz: «Jerry admiraba el ingenio, la maestría y la independencia de los hombre y mujeres del pueblo. Estaba impresionado con enérgicas expresiones de frustración con una sociedad que les oprimía y, con todo el respeto, le encantaba el buen humor que siempre tenían».
Se cierra este documento audiovisual con la llegada de un nuevo juego al pueblo. Unos niños juegan al futbolín. Si el vídeo empezaba con algo tan anacrónico como es el trabajo de los niños en el campo, termina con algo tan nuevo como este. Este dualismo, estas contradicciones son propias de una época que termina y otra que empieza, de una etapa donde los cambios son acelerados. Y Mintz, testigo de ellos, aprovecha para filmarlo y de hecho dejar constancia de ello.
