En los mapas topográficos de los americanos y alemanes de los años cuarenta que me ha dejado Enrique Carabaza, tanto en los del instituto geográfico de 1917 u otro de ejército español muy meticuloso de 1955 aparecen muchos toponímicos relacionados con la presencia del hombre. Especial atención lo tienen los cortijos, las fincas, las lagunas, los caminos, las fuentes, los abrevaderos, los pozos, o las casas que tienen adosada a esa propiedad como ejemplo Las Lomas (Evidentemente la que más), Jandilla (Pequeña Janda), Rehuelga, Espartinas (donde se dan los espartos), Charcones, Mediana o el Torero.



Otros nombres relativos a la explotación agropecuaria son Malabrigo, Cabrahigo, Loma de los Toriles, Dehesa del Boyal (relativo a los bueyes y al ganado vacuno), Cebada, Espartina, Zahurda, Conejo, Palomar, hornos, abrevaderos y casillas de peones camineros. Pero el elemento que más aparece son las chozas, construidas con la castañuela que veíamos en la entrada anterior. Así aparecen muchas chozas sin nombre u otras con él, como las del Trono de la Arena (recodo o meandro que hace el río), del Tirilla o de Rehuelga. También aparecen el nombre de personas concretas posiblemente referentes a la repoblación del siglo XIV como el horno de Johan Sevilla, el Pericón, parece que era un cura de Vejer, el cortijo la catalana (una propietaria incierta), La China, otra y la ya nombrada Churriana. En cuanto a puentes hay que reseñar los nombres de San Fernando y Cristina, correspondientes al primer ensache propuesto en el siglo XIX. Otro toponímicos característicos pueden ser los Castillejos referidos a viejas torres, el Frontón o relieve vertical como el cancho de los truenos, riera de las piedras (rio seco) o Los pilares del sol. Se trata de un curioso fenómeno meterológico en el que la luminosidad asciende verticalmente hacia el sol, al atardecer o anochecer, en épocas de temperaturas bajas. 


La relación de la laguna de La Janda con el hombre va a ser sostenible y sin perjuicios para ambas. Pero esta relación simbiótica empieza a cambiarse con la llegada del Nuevo Régimen y el intento de convertir una explotación extensiva en intensiva y coincidiendo con momentos donde el regeneracionismo (Movimiento que veía en las transformaciones hidráulicas una de las salvaciones de España) estaba en su punto álgido. Así en 1821 y en 1929 hay sendos intentos de desecar la laguna pero fracasan porque los propietarios no se ponen de acuerdo. Fue José Moret (abuelo del que fue en tres ocasiones presidente del Gobierno de España, Segismundo Moret Prendergast),  quien solicitó licencia del gobierno para desecar y adquirir la propiedad de los terrenos de La Janda. Por Real Orden de 17 de mayo de 1822 se le concede la concesión administrativa a D. José Moret del “llano inundado que ocupan las aguas de la laguna de la Janda y terrenos demarcados”. Mediante Real Orden de 24 de febrero de 1830 se le otorga definitivamente la propiedad de estos terrenos, sirviéndole de título de ella para sí y sus herederos y sucesores.  Las primeras obras para la desecación de la Laguna de la Janda se realizaron en 1825. En 1829 se redactó el proyecto por el ingeniero Larramendi, contratado por José Moret , pero aquel proyecto no llegó a buen puerto. 



En 1929, en plena dictadura de Miguel Primo de Rivera, se redactó el segundo proyecto para la desecación de esta laguna. El ingeniero D. José Suárez Sinova fue el ejecutor del proyecto. Pero la oposición de los vecinos fue tan importante que consiguieron abortar el proyecto. En la Segunda República vuelve la intención de solucionar el problema agrario, la miseria de tantos campesinos de la zona y así junto a los proyectos de repartir las tierras, también aparece los de poner en cultivo la Janda. La llegada de la Guerra Civil desbarató estos planes. Pero el tercer proyecto iba a ser el definitivo. Su desecación dentro del paradigma del desarrollismo que se impuso en la década de los sesenta con fines agrícolas a mediados del siglo XX, al igual que ocurrió con otros muchos humedales españoles, representó sin duda uno de los mayores impactos ecológicos de nuestro continente, al mismo tiempo que posibilita un desarrollo económico nunca conocido en la zona, convirtiéndose desde entonces una frase muy socorrida esa de que las Lomas eran el pulmón de Benalup-Casas Viejas.
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