Deambulando por el origen de las palabras, hay una me ha resultado especialmente atractiva, se denomina cantimplora. Resulta un catalanismo compuesta por los vocablos “canta i plora” que significa canta y llora. Es la forma poética en la que los catalanes denominan al ruido que produce el rito de beber en este envase. Rápidamente relaciono la palabra cantimplora, con “Aguaooo” ¡Tengo post!
El nombre se basa en una metáfora. Los hablantes que empezaron a utilizar esta denominación creyeron percibir una semejanza entre el ruido que hacía el líquido en el recipiente y el sonido, unas veces, de las canciones, y otras, del llanto. Se trata de un frasco de metal aplanado y revestido lleno de agua que se intenta se conserve lo más fresca posible. En un principio estaba destinada a los soldados para utilizarlas individualmente en las expediciones y más tarde al público en general. En León se le denominó caramañola y se extendió a Francia y a otros países sudamericanos.
No resulta difícil imaginarse la sensación que puede producir el agua fresca, a cerca de cuarenta grados recogiendo algodón o remolacha en las vegas del Barbate o del Celemín. En esta zona estos usos del agua para saciar la sed tomaron un carácter más colectivo, pues los jornaleros se encontraban todos juntos y el empresario contrataba una figura; “el aguaor” que repartía el agua entre los sedientos trabajadores. En todas las épocas el trabajo en el campo es duro, pero en verano coincidiendo con la recolección, la temperatura es extrema en estas latitudes. Hay varios muertos sopacas constatados por el calor soportando en el verano secando. Por ello aparece la figura del aguaor entre las cuadrillas de jornaleros. El agua se transportaba en botijos o cántaros. Era agua muy fresquita, milagrosa para luchar contra el sofocante calor del sur de la península. Se utilizan los recipientes de barro para conservar baja la temperatura del agua. El agua se llevaba a la cuadrilla a lomos del burro o mula y en la llamada cantarera. Cuando alguien quería beber se le llamaba diciendo “¡¡Aguaoooo”, y así el aguador solo se dedicaba durante toda la jornada a traer agua del pozo o fuente más cercana. Son muchas las anécdotas que el imaginario colectivo recuerda sobre estos «aguaores», a los que se les sometía a las bromas más variadas, como a todos los que no pertenecían estrictamente a la cuadrilla.
Cántaro etimológicamente viene del latín «canthărus» y a su vez del griego «κανθαρος» (kantharos) del mismo significado. En un principio servía para almacenar y transportar líquido. En Benalup-Casas Viejas se utilizaba mucho para aprovisionar de agua en las casas, ya que aquí no solía haber agua potable. El “Aguaooor” es él que acerca el cántaro de agua al campesino que soporta altas temperaturas mientras trabaja. Es una vasija de barro poroso, permitía la conservación del agua fresca, en un tiempo que no había frigoríficos.
El aguaor está presente en la siega del trigo, en la remolacha, en el algodón, en la escarda, en la corcha, en definitiva en todas las tareas del campo que se congregaban cuadrillas de jornaleros. En la fotografía de Mintz aparece una cuadrilla de jornaleros recogiendo remolacha. El aguaor subido en el burro, mientras un jornalero sin camisa bebe agua. Se trata de una perspectiva amplia, la vega de Beancos en primer plano, al fondo Benalup y más allá la sierra de Alcalá. Los «Aguaores» solían ser gente joven, pero también los había de avanzada edad, como «Quetejundo» o «El Arrendajo» que trabajó durante mucho tiempo en las Lomas. Hoy, esta profesión se encuentra prácticamente desaparecida. Queda de forma marginal en algunas cuadrillas de corcheros en las sierras de la provincia de Cádiz, y de forma más contundente en la cultura islámica donde el “aguaor” es un personaje habitual de campos y ciudades.
En una época donde el trabajo del campo era manual, donde no existía la mecanización y donde se realizaba en condiciones climáticas, a veces, espeluznantes, la hidratación y el refresco eran fundamentales. Por cierto, las últimas tendencias a la agricultura ecológica están poniendo de moda de nuevo el trabajo manual y con ello la imprescindible utilización de ese elemento básico que es el agua. Así que si escucháis cantimplora (muy común) y “aguaor” ya podéis contextualizarlas.





