La catorceava infografía de esta serie corresponde a un trabajo de Cristina Aragón y Patricia Troya sobre los noventa. Se compone de texto, cuatro fotografías y un audio de un gran valor antropológico.
Dice así: «Mi abuelo es el Noventa. Se llamaba Francisco Aragón Torrejón, era vejeriego, estuvo muchos años cuidando cochinos con el Ahijón de Mora, en verano llevaba a los cochinos andando a Jerez a los rastrojo y esa era su vida. Cuando terminó de los cochinos se vino a vivir al Tajo, tenía un campito bueno, con ovejas, yeguas, burra… sembraba trigo, maiz, tenía colmenas y muchas higueras. Ahora les voy a explicar a ustedes porque le decían el noventa. Porque en aquellos tiempos de porquero, no había ni radio, ni televisión. Los porqueros jugaban a la lotería. Le tocó varias veces el cartón con el número del noventa. Y entonces decía dame el cartón de los noventa que ese soy yo, y así se le quedó el mote que herdó mi padre y yo. Entonces después se vino al Tajo, vendía carbón, agua… la gente se la encargaba y así se buscaba la vida. Hacía empleita y le gusta mucho el cachondeo. El Noventa tenía dos chozas y otra de gallinero. El suelo era de loza, abajo de piedras y barro y el techo de castañuela. En invierno eran calentitas y en verano fresquitas.
Mi padre heredó el mote del noventa. También fue porquero. Iba en verano a Montecorto en Jerez a llevar los cochinos. Me decía que lo poco que había aprendido a leer y escribir lo hizo solo, con unos libritos que había. Después se vino a Benalup, trabajó arando, después se caso y con mi madre se iba a hacer carbón, que es lo que había antes. Estuvo en Picasillo, Aisoso, Carrizuelo, Escudete… y luego se fue definitivamente a las Navas. Allí hizo un chozo que tendría tres metros, un sitio era para para el fogón, para hacer la comida y dentro dormíamos los tres en un catgre. El chozo estaba hecho de brezo y por dentro mi madre lo encaló con papeles de saco de cemento. De allí, nos volvimos a Benalup y empezó a trabajar en las Lomas, cogiendo algodón y un día que venía de regar, Mintz, el americano, le echó una foto con su bicicleta en la venta de Curro. Mi padre le dijo ¿Veré yo esa foto? El Americano le dijo que sí. Con el cabo del tiempo le trajo la foto y además salio en el libro de los anarquistas de Casas Viejas.
Esa es la vida de los noventa. También trabajó mi padre en la carretera de Alcalá y con muchas fatigas hizo la casa en la que vivimos. Los Noventa son poca familia, porque ellos era dos hermanos. Esto es la vida de los noventa».
