El 27 de diciembre de 2018 puse yo el siguiente texto en el facebook La historia de Benalup-Casas Viejas desde las imágenes :»Alguien me puede ayudar a localizar los lugares por los que Perico Montes de Oca y sus amigos ¿? venden Dornillos» acompañado del vídeo respectivo. Casi dos años después, ayer por la mañana, recibo un whasaap de una persona de Tahivilla que quiere entrar en contacto conmigo.
Se trata de Antonio Alba, más conocido en Benalup-Casas Viejas por el Lápiz, gracias a la imaginación de Manolo Guillén que cuando llegó destinado al C.P. Tajo de las Figuras en el año 90 al verlo tan alto y delgado lo bautizó con ese nombre. Recuerdo que lo conocí en la celebración del 25 aniversario del C.P Tajo de las Figuras y me tuvieron que explicar lo de Lápiz, porque en ese momento no lo parecia. Él no se acordaba de eso. Me dice que sigue el blog, que le gusta y que una vez publiqué un vídeo de unos benalupenses que vendían dornillos. Me cuenta que junto a sus amigos ha identificado a todos los que aparecen. Le pido que me mande esa localización y quedamos para vernos, no si antes encargarme de que le de recuerdos a nuestros amigos comunes. A las dos horas me manda el siguiente texto:

«VENDIENDO DORNILLOS
En el pueblo de Tahivilla, año 1970 visitan el bar Beltrán, y allí en la barra departen con Eleuterio Franco, que se dedicaba al corretaje. Tambien se ve Catalina, mujer del dueño, con un niño en los brazos.
Después salen a la calle y pasan por la tienda de Juanita. En el porche, unos hombres jugando a las cartas, pero no los reconocemos. La cámara pasa muy rápido.
Bajan más tarde al Restaurante “El Apolo” de D. José Soriano. Allí les atienden: Juan Valencia y Gonzalo Perea, un chiquillo de 14 años. Pasan después por Facinas, y llegan al Mercado de Abastos. Carnicería Ana Jiménes y Marcial Álvarez. También se ve su hija Paquita. Ofrecen dornillos a la vecina Kika Jiménez y el vecino Ignacio Serrano “El campanero” que estaba con su nieto Fernando. Antonio Alba “El Lápiz”





La verdad es que me ha hecho mucha ilusión el contacto inesperado con «El Lápiz». Es como el que encierra un mensaje en una botella y luego conoce al cabo del tiempo, en este caso dos años, quien lo ha recibido. Nunca pensé que íbamos a localizar a los protagonistas de este vídeo. En estos días que se habla tanto, y a veces tan mal, de internet y las redes sociales… quiero romper una lanza a su favor. Yo creo que son un producto de la sociedad, que representan un avance y que transmiten los problemas y errores de ella, que no hay que cargar contra el mensajero y que tienen muchos aspectos positivos. Por ejemplo, el enterarnos que Perico Montes de Oca, Manuel Grimaldi y José Barberán, posiblemente con Mintz en su coche, se fueron por Tahivilla y Facinas a vender dornillos. Le da nombres y apellidos a un vídeo que retrata la vida de un oficio, el de dornillero. En concreto, la venta de ellos. Lo mismo que no se utilizaban máquinas mecánicas en su realización, tampoco se necesitan redes comerciales para su venta. Todo era artesanal, la construcción y la venta. Obviamente, para las familias de las personas que aparecen tienen un valor sentimental y nostágico enorme. A mí me interesa más el valor histórico y documental. Este tipo de oficios ha desaparecido, la modernidad ha arrasado con él. No me parece una cosa negativa, no se puede ir en contra del progreso tecnológico. Lo que si me parece una barbaridad es que que este tipo de práctica estén condenados a desaparecer de nuestro imaginario colectivo. Estas y otras forman parte ineludible de nuestra historia y de nuestra identidad. 




Ese es el gran merito de la labor de Mintz, que sólo y exclusivamente, como se encarga de remarcar siempre su hija Carla, estaba en este pueblo con el objetivo de trabajar, investigar. Otra cosa es que esos trabajos de campo, con el tiempo se han convertido en un verdadero tesoro. Para ellos es fundamental conseguir los máximos datos posibles sobre los documentos realizados. Vale, casi cualquier forma de conseguirlo, aunque sea metiendo un mensaje en una botella, o, como en este caso, ponerlo en facebook. Una red social, donde cada vez más se asoman, más cantidad y variedad de gente. Pensemos que el tipo de información sobre el que trabajó Mintz no estaba y no está en las fuentes oficiales, no forma parte del «stablisment», no es santo de la devoción de la élite olarquica que siempre ha poseido el poder… 




Hay una  tendencia por parte de una cierta élite cultural en criticar que todo el mundo pueda dar su opinión a través de las redes sociales, aduciendo el viejo axioma de que la ignorancia es muy atrevida. Conozco a mucho que critican las redes sociales en extremos insospechables, pero que las utilizan para dar a conocer sus ideas o defender sus intereses. Yo creo que si bien es verdad que a veces hay demasiada radicalidad en las opiniones que se escriben, también que la cultura y el conocimiento, como en todo, las van moderando progresivamente. Es como el chiste de la fea y el borracho («la borrachera se pasa»). Ya saben eso que dicen los americanos: «Contra los peligros de la libertad, más libertad».




Es verdad, que a veces se transmite por las redes sociales todo el odio y la maldad que somos capaces de acumular los humanos. En momentos como los actuales somos capaces de lo mejor y de lo peor. Muchas veces, amparados en el anonimato, como los mensajes a los trabajadores que están en primera línea de fuego para que abandonen su hogar.  Pero también de transmitir conocimientos, enseñanzas y  aprendizajes. Como red social que es nos socializa, nos vacuna contra el aislamiento social físico que se está imponiendo en la actualidad y sobre todo nos permite que aprendamos entre todos y que no partamos de cero. 




Por eso termino el post dándole las gracias a Antonio Alba, Lápiz, por su colaboración. Escribir  que estuvo dos años en este pueblo, que dejó un gran recuerdo y huella, que sigue viniendo al pueblo y que tiene una página en facebook TAHIVILLA, dedicada a temas sociales de su pueblo. Gracias  a las redes sociales se están extendiendo este tipo de asuntos. La democratización de la información también ha llegado a la historia. Y la podemos escribir todos, no solo los que siempre la han escrito.
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