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| Ana María, Anika, Andrea y Juanita |
A principio de año en enero el Ayuntamiento organizó una consulta popular sobre la posibilidad de cambiar a Junio la fiesta de Santiago y Santa Ana. Sólo votaron 110 personas de las 1716 necesarias para que fuera vinculante. Aún así 71 votaron en contra de la propuesta, por sólo 39 a favor. Aunque la participación fue escasa y el debate y las conversaciones sobre las fiesta fue amplio. Uno de los aspectos del que más se habló eran sobre cuando las fiestas se celebraba en torno a la Alameda. Ayer vivimos una jornada «de infarto» con la convocatoria y desconvocatoria de la velada en el casco antiguo, con protagonismo especial para las denostadas redes sociales.
Aprovechando que el Celemín pasa por B-CV y que se acercan las de este año me ha parecido oportuno publicar un post sobre ellas. Creo que es tiempo de relativismo, paciencia y ver las cosas con perspectiva histórica. Me voy a centrar en cuatro aspectos; la invasión de mesas, el baile en lo de Alfonsito Pérez, las atracciones y la importancia de las fotografías en estas fiestas.
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Hasta los años setenta la Alameda fue el lugar donde se desarrollaban las fiestas más importantes del pueblo, la de San Juan, primero, y la de Santiago y Santa Ana después. Como podemos ver en las distintas fotografías la Alameda se llenaba de mesas invadiéndose lugares que durante todo el año eran propiedad de la iglesia. Andrés Ricardo, el dueño del bar de la Alameda, llenaba esta de mesas y la gente consumía bebidas con mayor frecuencia de lo habitual, y sobre todo, sectores como el de las mujeres, ya que en los bares las mujeres no podían entrar, solo en ocasiones especiales como esta.
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| Manuel Grimaldi, Juana Mari Blanco,Antonia Grimaldi y su hermano.Del facebook la historia de Benalup-Casas VIejas en imágenes |
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| La familia Perez Mera posa en una de las mesas que el bar de Ricardo había colocado durante las fiestas en la Alameda. |
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| Manuel y Lourdes Mateos Sánchez con Isabel Rodríguez |
El baile era un elemento central de la velada, de ahí su nombre. En esta época se celebraba en el patio de Alfonsito, el de Pérez. Juan Manuel Gutiérrez dice: » El baile era en el patio del Tato y ahí se celebraba también San Juan. Venía una orquesta con tres o cuatro músicos y bailaban las parejas. Se estilaba mucho el pasodoble allá por los cincuenta. Había una pareja que le decía Ofita y El Ronco que lo bailaban todo.
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| «Te adjunto 3 fotos de los años 60 de Los Rangers a actuando en tu patio. Saludos». Juan Ulloa |
La feria no cambiaba mucho de unos años a otros. Todos los años había cunitas, voladores, columpios, tómbola, churros y turrón. El puesto de turrón que aparece en la foto de Mintz se convirtió en una tradición en nuestro pueblo. El fondo de esta fotografía es muy interesante. A la izquierda la casa de los Espina, a la derecha a la casa de la familia Sánchez Estudillo, en cuya entrada se ha instalado una de las atracciones de las fiestas; las cunitas o la noria. Dice Gutiérrez Vidal: “Frente de la plaza se montaban las cunitas o noria donde vive Catalina Estudillo, los caballitos frente de la fábrica de la luz, los voladores y muchísimos puestos de turrón y piñonate. El puesto de churros frente a la barbería de los Laritas y el baile en el bar de Alfonsito”
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| Foto Mintz |
Las fiestas siempre son un momento especial, en aquella época de penurias y privaciones, más aún si cabe. Y por eso es momento de pasear o tomarse un refresco en el sitio central del pueblo, con las ropas más nueva y «ponible» que se dispone y hacerse una fotografía. También hay que hablar de las fiestas de aquellos años de los fotógrafos para inmortalizar los trajes comprados con los ahorros de todo el año para comprar el traje y pagar al fotógrafo. Fiesta era sinónimo de fotografía, cuando se podía. Hasta tal punto que para muchas personas las fotografías que poseen son de bodas, comuniones o estas fiestas patronales. Son estos rituales propios de momentos excepcionales, y, sobre todo, para las mujeres que tenían vedado el ámbito público. La fotografía era cara y solo reservada a momentos muy especiales, como bodas, comuniones, bautizos o fiestas. La ropa también refleja el espíritu de la época, faldas largas y escotes nada pronunciados. El recato, la moderación y el respeto a las formas eran marcas de la época. En la primera foto aparecen siete jóvenes y en la segunda ocho. Son de parecida edad, son amigas o familias y casi todas viven en la zona de la Alameda. El grupo une, da fuerza, seguridad y sobre todo protege contra todos los peligros que acechan al ser humano.
Para terminar este post voy a recoger dos testimonios sobre ellas. El de Gutiérrez Vidal y el de Eugenio Espinosa. Sobre las fiestas en los años cincuenta dice el cazador cazado:” El día de la víspera venían hasta tres correos llenos de benalupenses, casi todo el pueblo iba a esperarlos ,venía la banda de música de Cádiz que tocaba diana floreada por todo el pueblo y a medio día tocaba detrás de la iglesia y por la noche en la Alameda. Los coches choque se ponían en la Alameda, los bares de Ricardo y Perez se ponían a medio día a rebozar de gente y por la noche también…».
Para el primer aniversario de la consecución de la Segregación el Ayuntamiento de Benalup decidió que Eugenio Espinosa fuera el encargado de dar el primer pregón. Fue el 20 de marzo de 1992. Sobre las fiestas dijo: “¡Y que deciros de las ferias! Aquellas tradicionales veladas de Santiago Apostol y Santa Ana donde todo el pueblo vivía inmerso porque se celebraban en la Alameda y calles adyacentes; las alegres dianas y los conciertos de la Banda de Música de Educación y Descanso que hacían las delicias de todos; las novilladas en el toril de la aldea como indicaban los programas que se editaban al efecto; los bailes en el patio de Alfonsito que tanto enfadaban al bueno del Padre Muriel al que Benalup agradecido tiene ya donde quería, a los pies del Sagrario como expresión de gratitud imperecedera de un pueblo a su Padre y Pastor; todos lucíamos nuestras mejores galas y hasta se tomaba alguna que otra cerveza que traía el camión de Ortega con el vino de Chiclana, verdadero artífice de la alegría general; y el inolvidable Lopito, el Conserje de la Cruz Roja con su impecable uniforme luciendo las dos medallas recibidas por su entrega a la Obra y realizando la cuestación de la Fiesta de la Banderita, hecho un brazo de mar y con su maletín lleno de cruces rojas por todos los lados. Y en las que no faltaba el primer feriante: el Levante”.
















