La forma de grabar de Jerome Mintz en el Benalup de Sidonia de finales de los sesenta y principio de los setenta le permitía acumular todo tipo de fuentes audiovisuales, para luego en EEUU, hacer diversos montajes. Llegó a editar seis películas. Pero fueron muchas las escenas que no utilizó. Son estas tomas inéditas o outtakes que una vez que Carla Mintz, su hija, nos las mando, yo las he agrupado en distintos temas, de forma que hay un repertorio completo de la economía y la sociedad del pueblo de la citada época. Dentro de la economía hoy le toca el turno a las actividades terciarias.

El sector servicios era el menos importante cuantitativamente, no cualitativamente pues los comerciantes e industriales pertenecían a la escasa clase media de aquella época. En esta etapa asistimos al paulatino crecimiento de este sector, de tal forma que tras la crisis del 2007 se ha convertido en el más numeroso, desbancando a los albañiles.


Este montaje lo podemos dividir en dos partes, uno dedicado a los bares y otro a las tiendas. Los primeros son los sitios de socialización de los hombres, mientras que la segunda lo son de las mujeres.


Dentro de los bares a su vez aparecen cinco establecimientos distintos; el de Manolo Flor en la calle San Juan, el de Andrés Ricardo y el de Alfonsito el de Pérez en la Alameda, el de Palomino en la calle Rafael Bernal y el del Cojo Gómez en la calle Fuentes.


El bar de Manolo Flor era uno de los clásicos de la calle San Juan. Aparecen en él, el dueño, sirviendo y cortando jamón, la mujer y los hijos. El carácter familiar del negocio queda patente. Luego aparecen una serie de personas que frecuentaban el bar, entre ellos hemos reconocido a Sebastián Román, los hermanos Grimaldi, Paco el del Coscorrón, Juan Sánchez, Andrés Guillén Benítez, Perico Tarro, el maestro lotero… (se agradece que indiquéis el nombre de los que faltan).


La parte dedicada al bar de Andrés Ricardo está realizada en forma circular. Comienza en la Alameda, donde Paco Pinto se entretiene con una tiza en la marquesina y termina en el mismo lugar, en una concurrida noche donde aparece Chinchorro o el mismo Andrés Ricardo. En medio la puerta del bar por la calle San Juan y el interior repletos de hombre jugando al dominó.


Le toca el turno al otro bar de la Alameda, al del cuñado de Andrés Ricardo, el bar de Alfonsito el de Pérez. Empieza con el primer café de la mañana, Demetrio y sus amigos han quedado allí para luego irse a trabajar en un landrover. Luego continua con las partidas de cartas de Juan Castillo y sus amigos. Emigrante en Alemania Juan se encuentra de vacaciones en navidad en su pueblo. Termina con la visita al bar de Juan Moreno Vidal, el zapatero, apareciendo personajes tan emblemáticos de la época como Alfonso el ciego o Larita.


El bar Palomino es el cuarto bar que aparece. Se trata de un bar donde se reunían los cazadores a contar sus aventuras, muchas mentiras por cierto y beber vino de Chiclana. Aparece Currito Cózar, que lo explotaba y Gallinito, entre otros.


El último bar es el del Cojo Gómez, el bar que tenía un vino de Chiclana con mucha fama por el microclima que se da en este establecimiento. Allí, además de la persona que lo llevan aparecen jugando a las cartas y bebiendo otros personajes como Pepín Flor, los hijos de Adela de la panadería o Perico Montes de Oca.


La segunda parte del montaje sobre las actividades terciarias del Benalup de Sidonia de finales de los sesenta y principio de los setenta versa sobre las tiendas. El primer establecimiento que aparece es la plaza de abastos, una auténtica plaza de abastos tradicional de pueblo, con los diversos puertos de pescado, donde Baraja y su compañera lo vendía, o el de carne de la familia Marente,o el de verduras. Es un mundo de mujeres, por eso sorprende un enigmático hombre que aparece con una mascota. Entre las mujeres que compran hemos localizado a las mujeres de la familia Pinto.


Otra tienda que aparece es la de Pepa la Algareña, Josefa Córdoba Morales. Los hijos de Demetrio y María van a venderle los caracoles. Se observa que estas tiendas funcionaban como pequeños supermercados donde se vendía de todo, desde verduras a latas de conserva.


Se cierra el montaje audiovisual con un pasaje del Piojito en carnaval. Unas mujeres compran tela para los disfraces, mediante el tradicional regateo.


En definitiva, aunque faltan muchos bares y tiendas de la época, constituye, visto en su conjunto, un verdadero ejemplo de este sector en este pueblo y en esta época, convirtiéndose así en un verdadero documento histórico. Cuyo valor aumenta si lo consideramos solo una pequeñísima parte del enorme legado que el americano de Benalup, como él le gustaba llamarse, nos legó.
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