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| Sopacas en Casas Viejas. Fuente archivo del Diario de Cádiz |
Particularmente, el tema de los sopacas es mi aportación historiográfica a la historia de Benalup-Casas Viejas de la que me siento más orgulloso. Siempre me había llamado la atención que en los árboles genealógicos de los benalupenses aparecían inevitablemente antepasados de origen malagueño. Un día Manolo Guillén, me habló de cómo un viejo amigo lo llamaba sopaca.
No he podido averiguar concretamente la etimología del término sopaca, apelativo con el que en la zona se conocen a estos segadores malagueños que venían en verano a segar y muchos se quedaron a vivir en la localidad. Podría ser por unas sopas o gazpachos que tomaban o por unas alpargatas que llevaban o por sus características camisas que les daban un aspecto propio de desaliñados, harapientos y miserables. Otra acepción se refiere a la forma de llegar, a su carácter migratorio y a los conflictos que se generan con los trabajadores locales. De esta forma venir de sopaca sería sinónimo de llegar de incógnito, con mucho sigilo, venir de fuera y no querer llamar mucho la atención, haciendo las cosas “por debajo de cuerda”. Esta es la que tiene ser más visos de ser cierta y entronca con esta tierra de movimientos migratorios, de idas y venidas que está relacionada con la existencia de los latifundios extensivos y tradicionales.
Pero lo que está claro es que junto a los jornaleros asidonenses, los segadores malagueños son los grandes protagonistas de la formación de este pueblo, tanto en el origen, como posteriormente, en concreto hasta la década de los sesenta que se produjo la mecanización del campo y la conversión en emigraciones definitivas de las pendulares de la siega.
Decía al principio que las fuentes orales fueron las primeras que me dieron las pistas sobre este movimiento, las escritas, de lo que van estos post, confirmaron y consolidaron la información. El pueblo se formó con una población de aluvión que venía atraída por el trabajo que podían ofrecer los recién creados latifundios, luego se fue consolidando con la gente que se quedaba tras venir en verano a segar, ya que el modelo de explotación de la tierra necesitaba de estos segadores o «sopacas» y completaban su economía con el carbón en el invierno. En un estudio realizado para mi blog en base al libro de baustimo del archivo parroquial llegué a contabilizar la procedencia de los nacidos entre 1871 y 1892, fueron un total de 900 partidas de nacimiento. Así el pueblo que más habitantes aportaría sería Algatocín (70 familias), seguido de otros como Juzcar (46 padres/madres residentes en Casas Viejas), Guaro (40), Jubrique (31), Monda (25), Farajan (21) o Alpandeire (19). Estos primeros pobladores sirvieron de reclamo para un fenómeno que se generalizaría a finales del siglo XIX. Estas personas se quedaron en Casas Viejas, trabajaron, vivieron y crearon estirpes. La famosa tela de araña que luego se hará característica en la historia de este pueblo.
Vimos en otros post como el proyecto originario de pueblo estaba basado en las ideas ilustradas de crear una población en torno a pequeños campesinos, para ello los bienes de propios y comunes se dividirían en suertes entre los colonos. Pero, la imposición de la desamortización de Madoz que vendió estas tierras a los propietarios que tenían dinero y la apropiación de las suertes que se repartieron por parte de los latifundistas, junto con la oposición política del Ayuntamiento de Medina a crear una nueva población que le restará término municipal hicieron fracasar este proyecto. No obstante, con la oposición del Ayuntamiento de Medina, el pueblo se fue formando en base a los jornaleros asidonenses y a los segadores malagueños, llamados por el Ayuntamiento como “los forasteros”. Como dice Antonio Luís Rodríguez Cabañas: “… la creación del pueblo se realizó en base a incontrolados asentamientos perdurados en el tiempo, debido con toda seguridad a los obstáculos puesto a una fundación organizada de la población, como pretendían ciertas instituciones”.

Buenas, desde Tahivilla, Antonio Alba.
Pues sí, por la Campiña, tb. muchos en la época de siega. Y le nombrábamos "gauces" y "guareños".
Yo pensaba de pequeño, que eran términos sinónimos de segadores. Hasta que averigué que procedían del término de Málaga. De ahí los gentilicios, por los pueblos de Guaro y Gaucín.
Unos hombres rudos y trabajaopres, que venían a trabajar por nada y menos.
Largas y penosas jornadas de trabajo, de sol a sol. A pan y a agua. Unas sopas pobres y poco más. El aguador, pendiente de la faena. Agua, para beber, higiene muy escasa. Y dormían en el "tajo" Solían venir solos, sin familias. La época de siega, jornal corto y de vuelta a casa. Los colonos, precarios poco podían pagar.
En los montes de Facinas, tb. muchos por el carboneo y el descorche. Aquí, sí que algunas familias, se sitiaron. Apellidos locales de la zona, con procedencia de Jubrique y aledaños.