Hoy les traigo a esta sección de Leer y viajar: antídotos contra el fatalismo dos artículos de Eslava Galán, del libro 1000 lugares de España que deberías visitar una vez en la vida. Se trata de la ruta del Pernales y la del Tempranillo. Los he colocado en la sección de la nostalgia porque eso lo que me evoca la palabra bandolero. Cuando era un niño un bandolero era un hito. Mi padre; Salustiano Gutiérrez, me contó muchas aventuras y hazañas del Pernales, pero sobre todo de José María, el Tempranillo, que a los ricos robaba y a los pobres socorría.
Los cadáveres de los bandidos se expusieron toda aquella tarde en la plaza de Villaverde (eso que vemos en las películas del Oeste) y al día siguiente los llevaron a Alcaraz, en cuyo cementerio, junto a las ruinas del castillo, lo sepultaron…. Siguiendo los pasos del bandido y disfrutando del paisaje, lo que debido a las prisas él no haría, se desciende un poco más hasta la Rosinda y, tras pasar por el Portillo, se llega al paraje de las Morricas, donde se produjo el tiroteo entre los bandoleros y la Guardia Civil que terminó con la muerte los malhechores. Un rústico monumento lo conmemora. Desde allí se regresa hasta Villaverde Guadalimar. Para rematar la ruta conviene visitar la tumba de los bandidos en el cementerio de Alcaraz, donde nunca faltan las flores frescas que les lleva la afición. “hay gente pa tó” como decía el torero Rafael Guerra Guerrita.
En Benalup-Casas Viejas la figura del bandolero ha abundado ya sea propiamente dicho o en aquellas similares como los guerrilleros (que el franquismo llamó bandoleros), contrabandistas, estrpaerlistas o cuatreros. La razón es doble geográfica e histórica. Históricamente ha mantenido una posición de frontera, tanto en la Edad Media, como hasta finales del siglo XX. Ello, junto a los problemas sociales que generaba el modelo de latifundio clásico, extensivo y poco generador de riqueza tuvo como consecuencia que en determinadas épocas frecuentaran estas zonas estas figuras, expresiones primarias del descontento social, de las acciones contrarias al poder establecido y de las necesidades básicas que generaba la situación económica. Clara E. Lida ha dado el nombre de “la ruta del descontento” a todas manifestaciones del campo andaluz ante las pésimas condiciones de vida que soportaban los jornaleros. En definitiva, el pueblo se formó en zona de frontera, como pueblo de aluvión a principios del siglo XIX, pero este concepto de Frontera como zona de nadie, de paso, de inexistencia de control nos ha acompañado toda nuestra historia real. En estas áreas menudean las mezclas y por tanto la riqueza cultural, también fenómeno ilegales o alegales como el bandolerismo, el contrabandismo, el furtivismo o los maquis. En la revista Iberia el 31-7-1882, en la Restauración Borbónica leemos: “La Guardia civil de la provincia de Cádiz, a mando del alférez jefe del puesto de Vejer, en unión de la fuerza de Casas Viejas y Conil consiguió, después de inauditos esfuerzos y veinticuatro horas de persecución, la captura de dos criminales, uno desertor del presidio de Ceuta, los cuales, después de haber robado dos caballos a los señores Castrillón y Shelly, propietarios de Vejer, pegaron fuego a tres chozas y pasto de monte, por no haberles entregado el Sr Castrillón 5.000 duros en oro que le exigían” .
Por todo ello los bandoleros siempre han sido beneplacitamente percibidos por una buena parte de la gente del pueblo. Ello explica que en 1963 la comparsa de Angelín tomara ese tipo para salir en el carnaval de Benalup de Sidonia de aquel año.






