Lo primero que hacemos al interesarnos por cualquier persona, cosa o lugar es saber su nombre. El nombre nos ayuda a identificarla, distinguirla, localizarla, comprenderla… Podría escribir un libro sobre Salustiano y yo. Especialmente me llama la atención el nombre de los lugares, de lo que se ocupa la toponimia. Tengo escrito bastante sobre ello en este blog, pero creo que es necesario proseguir en el camino ya iniciado. Además tengo en preparación otra serie sobre el origen de las palabras en relación a la historia de este pueblo.
El origen de esta sección que inauguro hoy hay que situarlo después del confinamiento, cuando mi amigo Enrique Carabaza se presentó en casa con dos DVD de sendos mapas topográficos de Andalucía, hechos por los alemanes y los ingleses a principio de los cuarenta, en plena Guerra Mundial, cuando Gibraltar era tan estratégicamente importante.
Los geógrafos empezamos la carrera leyendo un libro de Ives Lacoste: “La Geografía un arma para la guerra”. El geógrafo francés tras una estancia en 1972 en Vietnan se da cuenta como los americanos utilizan el conocimiento geográfico para la guerra. Allí observa cómo Estados Unidos bombardea los cimientos de los diques de los deltas del río Rojo con la finalidad de provocar su destrucción y culpar a una catástrofe natural de las víctimas de la inundación. Tanto la iglesia como el ejército, esas dos viejas instituciones tan sabias y antiguas, siempre han sabido que para dominar un sitio lo primero que había que hacer es identificarlo, conocerlo, clasificarlo… saber su nombre, a veces, hasta ponérselo. Luego el pueblo los adaptará y los llamara como les de la gana.
Los nombres de los lugares suelen pasar desapercibidos, pero no solo nos sirven para identificar y localizar los lugares en que se desarrolla cualquier actividad humana, además son parte de nuestro patrimonio cultural. Y la mejor manera de protegerlo y salvoguardarlo es conocerlo y difundirlo. Ese es el objetivo de esta nueva serie, que se sabe como empieza pero no como termina. La toponimia (la ciencia que estudia el nombre de los lugares) está basada en el estudio geográfico e histórico de un lugar. En ningún lugar es exacta, aquí menos. Hay poco escrito sobre los topónimos locales, pero tenemos tiempo. Este es el segundo objetivo de esta serie. Registrar por escrito el nombre de nuestros lugares. Y lo tenemos que hacer en base a una especie de juego en el que participe la máxima gente posible, sabiendo que ello implica polémica, desajustes y diversas interpretaciones. Tenemos un patrimonio, lo que saben nuestros padres y abuelos, que corre el riesgo de perderse si no lo ponemos a buen resguardo. Para el nombre de los lugares las redes sociales pueden ser un buen instrumento para colocarlos en buen puerto, a buen resguardo.
Los nombres de lugar dan fe del paso de diferentes culturas que han ocupado un territorio y de las características físicas y humanas de ese territorio. Esta serie se va a estructurar en torno a tres ejes temáticos, por un lado la Janda, las mesas y el pueblo y la sierra. Si conocemos el origen y el signficado de palabras como Benalup-Casas Viejas, Tajo de las Figuras, Laguna de La Janda, Lomas, Grullas, Cuervo, Mesa de Algar, Frontón, Pilares del Sol, “pasá”, torno, charco, majada, sima, carrascal de Domecq, Ahijón de Mora, casilla Espina, palmar del Emir, Dehesilla, “Cola” los Chinos, el Gamonal, Puerto del Hombre, Herrumbrosa, Escudetes, Cerro de Jérez, Cañada de Jaula, Hoya, Albaida, Gargantillas, Hornillos… y tantas otras que existen en la zona daremos un paso en la conservación de ese rico patrimonio cultural que poseemos y en comprensión y aceptación de la zona en la que vivimos. Este es el juego que os propongo con esta serie. Que nos adentremos en la distracción de la averiguación de topónimos y que los hagamos entre todos. Todos y cada uno de los nombres de los lugares que aportéis de la zona con su explicación y origen serán bienvenidos e incorporados a los respectivos post. También aquellos que os gustaría que entre todos averigüemos lo que significan. El reto es tan apasionante, que merece la pena intentarlo.


