Ayer asistimos a la presentación del libro La historia en cómic de Casas Viejas y Benalup de los maestros Juan Moncayo y Manolo Saenz. El acto tuvo lugar en el Restaurante el Tato y contó con todas las medidas de seguridad requiridas. Me ha parecido interesante traeros a este blog mi intervención.
Después de los agradecimientos respectivos constaté la época de incertidumbre por la que estamos viviendo. Este evento, como tantos otros de este verano ha pasado por la diyuntiva de celebrarse o no. Así me acordaba de la anécdota del 33 que contó Eduardo Pérez de Guzmán en la Tierra cuando la esposa de una de las víctimas, a intancias del carpintero que le estaba haciendo el ataúd a su marido, si podría seguir construyéndolo a causa de los sonidos que generaba su construcción. Pues en ese mismo clima de incertidumbre estamos ahora. Pero ya decía yo hace dos semanas, que con sentido común y prudencia debemos potenciar la microcultura, la más resentida de esta pandemia, el poder de lo diminuto y de su existencia es una realidad.
Yo tenía esta intervención preparada el jueves, pero vi en el favor que Fran me había hecho «spoiler» o destripe de lo que yo había escrito. No obstante, decidí contarlo de nuevo, con algún añadido y modificación. Nos situamos en la difícil vida de los hospitales. Aburrimiento, enfermedades, miedo, incertidumbre, ánimos bajos… las dos veces que he estado recientemente un grupo de amigos benalupenses que viven en la bahía solían pasarse casi todos los días a hacerme una visita. Eran aguas de mayo. Así mi cuñado Antonio, mi colega Enrique, mi camarada Gutiérrez Moina, mi compañero Jesús, Cesar, Juan Manuel Gutiérrez o Moncayo… asiduamente se pasaban por el Puerta del Mar y me hacían una visita. Con cada uno se hablaba de lo común con cada cual, con Moncayo el tema preferido era la historia de Benalup-Casas Viejas. Un día me habló de un cómic que había hecho en el 93 con Manolo Saenz y que yo difusamente conocía. Lo trajo al día siguiente, lo mandamos a fotocopiar y evidentemente como dice Fran mis ojos hicieron chirivitas ante la posibilidad de publicarlos en el blog. Recuerdo que por aquellos días, al igual que ahora, andaba preocupado por que la salud no me dejaba trabajar y no preparaba post al ritmo que yo quería. Cosas de la mentalidad judio-cristiana. Se publicaron los post con bastante éxito y apareció la posibilidad de hacer un libro con ello. Aunque no lo reconocerá ni bajo las torturas de Torquemada, a Fran se le llenaron los ojos de chirivitas cuando vio la posibilidad de convertir ese cómic en un libro. Y la verdad que cuando comparamos aquellas viejas fotocopias con las que nos topamos con el libro actual me produce la misma satisfacción que si este libro al final termina en la mayoría de los hogares benalupeneses, ya sea para trabajos de los miembros familiares o simplemente conocimiento y solaz.
Precisamente por ello repito la anécdota del hospital que cuenta Fran para argumentar de que esta maravilla de cómic, tanto en contenido como en forma, esos expresivos, emotivos y cuidados dibujos de Manolo Sanz. Esos textos mimados, sensibles y que llegan y van al alma de Juan Moncayo, este libro que estamos comentando hoy no tiene su origen en noviembre de 2019, sino que de todas formas, más tarde más temprano se hubiera publicado porque es tanta su calidad y su utilidad que de una forma u otra hubiera llegado a los lectores benalupenses.
Para entender este libro sobre la historia en cómic de Casas Viejas y óBenalup de Juan Moncayo y Manolo Saenz hay que remontarse al Benalup de principio de los noventa. En el 91 concluye la segregación donde el escindido colegio del Tajo de las Figuras ha tenido un trascendente papel. Pero más que acabarse las sinergias producidas, el torbellino continua en torno a otras actividades como el el futbito, el carnaval, la política, la literatura oral, la toponimia o la historia local. Se era consciente de que se había perdido mucho tiempo y restaban muchas cosas que hacer. Recuerdo que tenía un tío, Paco Recoño, que trabajaba de camarero en la terraza del baile del pueblo. Cuando la faena lo dejaba bailaba con la novia, mi tia Rogelia y lo hacía muy rápido. Al preguntarle por qué contestaba que es que así bailaba más.
Fruto de ese ambiente que está en el origen de muchas cosas buenas que pasarán posteriormente en el pueblo disfrutamos en la actualidad de unos niveles educativos, culturales, económicos y políticos muy aceptables. Y muchos estamos convencidos de que a esa gente no se le ha reconocido lo suficiente. Otro día le tocará a Santos, Norberto, Leo, Manolo Guillén, pero hoy me gustaría dedicarle un humilde homenaje a Juan Moncayo y Manolo Saenz. Como la Guardia Civil está ahora muy lejos no podemos preguntarle si molestará el ruido provocado por las palmas como hizo la mujer a la que Juan Estudillo estaba realizando el ataúd. NO obstante si os parece bien termino mi intervención solicitando un aplauso, no muy fuerte, para Juan y Manolo, por tanto como han hecho para este pueblo y lo poco que colectivamente se lo hemos valorado. Somos conscientes de nuestra deuda y que mejor momento que la presentación de este libro para empezar a saldarla. Gracias.




