Lo que más me llama la atención de Tarifa es que te puedes encontrar los dualismos más radicales de toda España. Conviven usos y aprovechamientos de radical modernidad, como el turismo o la energía eólica, junto con otros tan tradicionales como la ganadería extensiva o el queso artesano. Lo mismo se lo podemos aplicar a las personas, a las diversiones o a las tradiciones. Tarifa siempre ha mantenido una relación de vecindad con Benalup-Casas Viejas. Lo sigue haciendo.

Juan Eslava Galán dice de ella en «1000 sitios que ver en España alguna vez en la vida»:»Tarifa, a los cuatro vientos 

Tarifa, extremo meridional de Europa, distante solamente 14 kilómetros del África misteriosa y cautivadora: moros, desiertos, selvas, hambrunas, jirafas, mosca tse-tsé, diamantes. Desde el mirador del Estrecho, a poca distancia de la ciudad, se ven cruzar los petroleros que entran y salen del Mediterráneo. Es como la platea de un teatro. El escenario está concurridísimo. Trescientos sesenta y cinco días al año, uno más si es bisiesto, sopla en Tarifa vendaval, unas veces de poniente y otras de levante. El viento se combina con las corrientes marinas que produce la confluencia del Atlántico con el Mediterráneo para hacer las delicias de intrépidos navegantes eólicos llegados de todo el mundo para practicar el windsurf en las playas de Bolonia, el Cañuelo y Valdevaqueros. El viajero no sabe cabalgar las olas, ya tiene dicho que es de tierra firme, baño de asiento en lebrillo mediado y martillo a mano por si acaso, así que se despidió del molesto levante, viento que, además de molestar, loquea al personal, y buscó refugio en el Club Náutico, cuya cocina encontró buena y honrada, sencilla y natural. El viajero se informó, por un cartel municipal, de los acontecimientos históricos más relevantes de esta ciudad; aquí la playa donde desembarcaron las pateras de Tariq, cargadas de inmigrantes, para iniciar la conquista musulmana de España; aquí el castillo desde cuyos muros Guzmán el Bueno arrojó el cuchillo: «Si no hay acero en el campo ahí tenéis el mío, matad al niño, ca brones, que yo no pienso rendir el castillo». Para recuerdo de la gesta queda una torre octogonal, con una ventana tapiada desde la que se dice que Guzmán arrojó el puñal. 



El viajero visitó el interesante castillo califal. De la muralla que defendía a la población de los ataques piratas queda menos. Tiene una pintoresca puerta de Jerez abrumada de hiedra y una plaza del Ayuntamiento, húmedos muros salitrosos de edificios moriscos, musgo y verdín, jardines geométricos y palmeras. A las afueras de la ciudad han instalado un centro de energía eólica. El curioso se detuvo a contemplar los molinos girando al soplo del levante, que parece cosa de ciencia ficción, y luego prosiguió su camino por la falda de la sierra de la Luna. Por aquí la costa se nos va poniendo bravía y hasta hay que cruzar dos puertos de montaña para llegar a Algeciras. Hay playas recoletas donde coexisten pacíficamente bañistas homo con hetero.



Sé del conocimiento y buena relación que tiene Manuel José Sánchez González, Pelukas, con Tarifa. Le pido su crónica a lo que accede muy amablemente: 



«Dos pueblos de la provincia de Cádiz , uno campero y otro marinero . Benalup del interior y Tarifa costero, diferentes en apariencia pero parecidos por dentro. Es igual el carácter de su gente, acogedores, serviciales y aventureros , los dos salen a la costa para buscarse el sustento, los unos con la pesca y los otros con el ladrillo y el cemento. Iguales son sus vientos y como anécdota queda que te diga un tarifeño ( no veas que disparate si parece que el levante está más fuerte que en mi pueblo) . 



Parecido tienen sus paisajes , montañas tienen al frente y aguas en medio, Tarifa, el Atlas, el Atlántico y el Mediterráneo que se mezclan en el estrecho. Benalup tiene los Alcornocales y en medio la Janda, su mar seco . Por compartir , compartimos hasta aficiones , doy fe del interés de muchos tarifeños por el campo , por la sierra y de la pasión por la pesca de buena parte de nuestro pueblo. Benalup y Tarifa comparten más cosas de las que creemos».

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