Escribo esta entrada recien terminado de ver el documental sobre María Silva que ha dirigido Antonio Ramos Espejo dentro de la serie Andaluzas en Canal Sur. Todavía estoy emocionado y agradecido. Emocionado porque he visto en imagen amimada a Catalina Silva (preciosa la escena en la que ojea el libro de «La Tierra»), la verdadera protagonista, después de su hermana, del documental. Aquella niña que Miguel Sen la llamó Isabel en su novela La Memoria Muda. Emocionado porque el documental es un canto a la recuperación de lo nuestro, un reproche a la desmemoria y el olvido y un alabo a la investigación, al compromiso y a la implicación. Emocionado porque Antonio Ramos, uno de los que mejor conocen los Sucesos de Casas Viejas, ha querido dejar muy claro el rol jugado por Mintz en todo este proceso de recuperación, no solo explícitamente, sino también implícitamente, ya que muchos de los textos y fotografías utilizadas para el reportaje son suyos. Hay unas pocas fotografías de Mintz que se han utilizado para ilustrar la miseria y la pobreza de los años treinta. Estas fotos eran de finales de los sesenta, lo que demuestra que hasta los ochenta aquí no cambió nada, ya que el franquismo fue la tercera fase de una derrota que había empezado en el 33. Me ha sorprendido también que muchas de las imagenes que grabó el equipo no han salido, sobre todo, en los escenarios actuales. Ya lo intuía el cámara advirtiendo sobre lo difícil que era filmar en un pueblo que parecía que no tenía pasado o que este parecía un fantasma que habia desaparecido y los realizadores del programa han tenido que recurrir a la ficción; las fotos de Mintz y la película de Patino, el cual a su vez utilizó los escenarios de Cazalla de la Sierra y el Pedroso para su film.
Estoy agradecido porque con la realización del documental sigo aprendiendo sobre los Sucesos, por ejemplo, muchas de las cosas que dijo Antonio Grimaldi que yo no conocía. Estoy agradecido porque gracias a programas como este se está esclareciendo la evidencia de que era mentira aquello de que no teníamos pasado, lo que ocurría era que no lo conocíamos. Estoy agradecido porque aquella frase con la que comienza la novela de La Memoria Muda «Siempre han creído que era idiota porque dejé de hablar cuando niña», se ha desenmascarado. Hoy Catalina, al hablar para toda Andalucía, ha dejado de ser, al menos en parte, la niña Isabel que enmudeció hace 75 años ante tanta barbarie y monstruosidad. Hoy hemos dado un paso más en ese empeño que tenemos algunos para que la memoria muda de Casas Viejas se convierta en memoria parlante y militante.
La segunda foto es del archivo familia de Juan Pérez Silva, la primera donación de unos amigos.

Tu agradecimiento creo que hay que extenderlo mucho más, a todo el pueblo y lo que no es el pueblo. Creo que a nadie nos ha dejado indiferente este documental, es mucho más, es mostrar a nuestros ojos lo que fuimos y de donde venimos, se te hace un nudo en el estómago desde el principio hasta el fin. Gracias a Canal Sur por no dejarnos en el olvido. La frase que más me llamó la atención fue la que supuestamente Azaña dijo cuando llegó a la ciudad francesa donde reside Catalina Silva y donde curiosamente él está enterrado, pues dijo «Los muertos de Casas Viejas me persiguen».