Llegamos a la penúltima entrada de esta serie sobre el primer tomo de La Historia de la Cruzada de 1939 donde los sucesos de Casas Viejas ocupan un lugar importante. Aunque Arrarás sigue escribiendo sobre asuntos relacionados con ellos, la evolución parlamentaria y la posterior dimisión de Azaña, las elecciones y la victoria de la CEDA he considerado oportuno  cerrar la serie en este punto porque creo que es más que suficiente para analizar la versión franquista de los sucesos de Casas Viejas. Terminó con un epígrafe donde el título es esclarecedor y refleja la tesis central de todo el relato; Azaña fue el principal culpable de los sucesos de Casas Viejas.

Dice así: LOS TIROS A LA BARRIGA LOS ORDENÓ AZAÑA

Magnánimos y bien dispuestos al perdón y al olvido de todo lo ocurrido se mostraban los comisionados, pero el Presidente de las cortes propones a la Comisión ampliar el informe con otras declaraciones, y a resulta de éstas se procesa al exdirector general de Seguridad Arturo Menéndez, acusado por todos los declarantes y por las copias de órdenes conservadas en los registros de telefonemas de las Comisarías del Distrito. Entre todos los llamados a declarar, un invitado – y de excepción- se abstiene: es el capitán Bartolomé Barba, que se hallaba de guardia en la División orgánica de Madrid la noche de los sucesos y que se niega a declarar, si expresamente no le autoriza el Ministro de la Guerra. 
“Ni le autorizo ni le desautorizo-dice Azaña-; él verá la responsabilidad que contrae”. No le incita a declarar, sino que le amenaza. Barba no comparece en la Comisión; particularmente afirma que el Ministro de la Guerra le ordenó la represión de los sucesos con estas palabras: “ni heridos ni prisioneros: los tiros a la barriga”. Como siempre Arrarás toma del dato sólo la cara que le interesa, Barba matizó en su declaración al tribunal de Cádiz que se refería sólo a los militares y sólo en el caso de que atacaran los cuarteles en Madrid, haciendo constar que no tenía relación con Casas Viejas. La frase utilizada por la oposición a la derecha y a la izquierda de la coalición republicano socialista en el poder, pasó a la historia. En un principio respondía a la estrategia de la defensa de Pardo Reina, abogado de Rojas, de conseguir la absolución de su defendido argumentado que su actuación respondía a órdenes del mismo presidente del gobierno, Manuel Azaña. Luego fue utilizada hasta la saciedad para intentar derrocar a Azaña y lo que significaba. Esta frase repetida hasta la saciedad se va a convertir en el lema central del relato que pretende convertir a Azaña en el gran responsable de los sucesos. Actuación, que unida a otras muchas, justifica el “Glorioso Movimiento” o “La Cruzada”



Sin embargo, pese a la claridad de los hechos que Arrarás ha montado, pese a lo claro que ha quedado la responsabilidad de Azaña y su gobierno estos sucesos el sistema parlamentario permitió que este saliera inmune de otra cuestión de confianza. Está claro que la culpa de los males de España la tienen los políticos y el sistema liberal, un sistema que permite que sólo haya una abstención en una cuestión tan clara como esta. Sigue el texto de la siguiente forma: “En un segundo informe la Comisión rebosa generosidad: “Nada induce a suponer que las órdenes han emanado del Gobierno”, con lo que Azaña se da por absuelto. “Ya está –exclama- fuera de discusión que las órdenes no se dieron por el Gobierno”. Llegan a Madrid todos los requeridos para el voto de confianza: los diputados ministeriales, las mesnadas de la Esquerra atraídas con señuelos separatistas, la Federación de partidos de izquierda, que ha acordado conceder “en todos los casos, cualquiera que fuese el resultado de las pesquisas”, su confianza, que el día 17 de marzo es ganada por 210 votos contra 1 por haberse abstenido las minorías. “El Gobierno cabalga”, exclama ufano Azaña”. La frase “las mesnadas de la Esquerra atraídas con señuelos separatistas” me resulta de una exultante actualidad- La podría decir cualquier representante de la derecha política española de hoy en día. Quedan las conclusiones. Pero eso será objeto del décimo y último post de la serie.
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