Es ahora momento de las conclusiones finales. Me reafirmo en los valores de este documento que expuse en el primer post de esta serie. También en sus defectos. Se utilizan todos los datos, las fuentes, las estrategias y los instrumentos históricos para sostener la idea de que Azaña fue el verdadero culpable de los sucesos. Unos hechos que demuestran que era necesario un golpe de timón en España, un glorioso movimiento, una cruzada nacional.
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La trascendencia y utilización política de los sucesos no sólo tuvo lugar durante la República y el Franquismo, también prosiguió en épocas posteriores hasta llegar a la actualidad. El último libro publicado sobre el tema, es del 2012. Tano Ramos ha conseguido el premio Comillas con el libro El Caso Casas Viejas, cuyo subtítulo: “Crónica de una insidia” retrata la tesis posteriormente desarrollada: el aprovechamiento que hizo la derecha mediática y política, con la colaboración y la suma de la izquierda radical (sobre todo de los anarquistas) de estos sucesos para atacar y derribar a Manuel Azaña. Uno de sus fragmentos finales dice: «Franco se guardó personalmente los diarios robados de Azaña. Y el franquismo continuó usando Casas Viejas contra la República y contra Azaña, ayudado por los anarquistas. Porque también los anarquistas se sumaron desde el exilio con entusiasmo a los tiros a la barriga y repitieron durante muchos años esa frase y las versiones falsas hasta convertirlas en una verdad incuestionable: Casas Viejas era Azaña ordenándole al capitán Rojas la matanza de campesinos en el pueblo gaditano. En noviembre de 1940, Manuel Azaña moría en el sur de Francia, exiliado y asediado por los franquistas, que pretendían detenerlo, llevarlo a España y fusilarlo. Ese año, Manuel Rojas era comandante. Estaba al frente de un batallón de trabajadores en la provincia de Cádiz, en realidad, un campo de concentración para republicanos…Había terminado la guerra civil. Uno fallecía en el exilio pidiendo paz, piedad y perdón y otro mandaba en un campo de concentración que castigaba con saña a los vencidos. Tuvieron destinos bien distintos. Pero mucha gente se encargó luego de alimentar la leyenda de Casas Viejas. De difuminar el papel de Manuel Rojas en los sucesos y de darle el de verdugo a Manuel Azaña».
La estrategia de “los tiros a la barriga” estuvo también montada, tuvo tanto éxito que murió de él. Ya que generó otra corriente historiográfica cuyo objetivo fundamental era desmontar todos sus argumentos y probar la inocencia de Azaña. Ejemplo paradigmático de ello es el reciente libro de Tano Ramos ya comentado. El problema bajo mi punto de vista es que ambas corrientes centradas en defender sus puntos de vista se olvidaron de que los sucesos, con minúscula, ocurrieron en un lugar concreto; Casas Viejas, con unos antecedentes y consecuentes determinados y unos protagonistas que fueron los perdedores de todas esas batallas que se desencadenan en torno a ellos; la gente de Casas Viejas.
En cuanto a Azaña, escribo yo en Los sucesos de Casas Viejas. Crónica de una derrota: “Parece evidente que la utilización política clarísima que se hizo para derribar a Azaña y su gobierno es una de las claves para entender que los sucesos de Casas Viejas se hicieran tan mediáticos. También es cierto que ello contribuyó a que para casi todo el mundo las víctimas, las verdaderas protagonistas, pasaran a un segundo término. Estamos ante un asunto poliédrico del que su visión depende del ángulo que adoptemos. Es ese intento de manipulación para resolver con el pasado problemas del presente, es esa polémica que genera, es la eterna pregunta de cómo pudo pasar lo de Casas Viejas en el bienio progresista de Azaña, es el papel del poder y del máximo representante de él, Manuel Azaña, en este momento, es toda la leyenda, el mito, la especulación, la tergiversación que inundan los sucesos…, todo eso es lo que los hacen ser un hecho histórico tan complejo, difícil de entender, complicado, confuso, laberíntico y diverso. Y en él, Azaña, muy a su pesar, ha ocupado y ocupa uno de los lugares centrales de los sucesos de Casas Viejas”.
Y termino con una reflexión. No es normal o no debería serlo que en una crónica tan detallada de los sucesos como esta de Joaquín Arrarás sobre los sucesos de Casas Viejas no aparezca ni una vez siquiera el nombre de María la Libertaria, Juan y Jerónimo Silva, Manuela y Fernando Lago o Antonio Barberán Castellet por poner algunos ejemplos. Todo ello forma parte del ninguneo y la invisibilidad a la que han sido sometidas las víctimas de los sucesos de Casas Viejas, por la versión franquista y también por la republicano-socialista.
Pienso que este texto es un ejemplo claro de la utilización política de los sucesos, en este caso no desde la prensa o los partidos políticos, sino también desde la ciencia histórica. Parece claro que el intento de utilización política de estos hechos está en la base de todo ese ninguneo que han sufrido los verdaderos protagonistas de los sucesos. Como dice José Luis Gutiérrez: “La politización de los sucesos fue una constante. Cuando un suceso traspasa el ámbito particular para convertirse en un asunto colectivo se suele rebajar la presencia de los directamente implicados… Tanto en su momento como después los protagonistas, las víctimas, pasaron a un segundo plano sepultados por las consecuencias políticas y su consideración de personas faltas de conciencia política e ignorantes. En la vorágine de aquellos meses quedaron en un segundo o tercer plano las víctimas, sus familias y el propio vecindario de Casas Viejas. No sólo quienes sufrieron las consecuencias directas, como los asesinados, detenidos y procesados, sino también sus familias y el pueblo en general. Primó la utilización política y el camino judicial. El “estigma” de Casas Viejas pervivió durante muchos años y no estoy seguro de que todavía no siga presente”
Sobre este mismo asunto escribí yo en «Los sucesos de Casas Viejas. Crónica de una derrota: «Nos interesa resaltar que esa utilización política de los sucesos, el hecho de estos acontecimientos fueran un instrumento utilizado para asaltar o retener el poder, esa conversión en el centro de la polémica pública está directamente relacionada, es causa y consecuencia del ninguneo a las víctimas y a la población de Casas Viejas. Pero además, estos dos hechos han persistido en el tiempo llegando a la actualidad, donde todavía «los tiros a la barriga» y “la crónica de la insidia política” pretenden ser más relevante que la crónica de los que sufrieron las causas y las consecuencias de los sucesos…La politización de los sucesos y su utilización partidista está en la base del ninguneo a las víctimas y a la población de Casas Viejas; también en su presencia en los medios periodísticos, historiográficos, políticos,… desde 1933 hasta hoy. Esos acontecimientos han tenido y tienen tanta repercusión, en parte, por este intento de resolver con el pasado problemas del presente».





