Hoy le toca el turno a Alcalá la Real. Está a 20 kilómetros de Íllora, mi pueblo. He estado muchas veces. Son pueblos limítrofres. Es un pueblo grande, poderoso, monumental. Y sobre todo tiene la Mota, ese castillo majestuoso que te embauca cada vez que entras en su campo visual. Alcalá es el Cristiano Ronaldo de la comarca, como Chiclana en esta zona.
De ella dice Eslava Galán en «1000 lugares que ver en España al menos una vez en la vida»
FORTALEZA DE LA MOTA EN ALCALA LA REAL
Hay lugares que valdría la pena visitar aunque solo fuera por ver una única cosa cuyo recuerdo nos acompañará toda la vida. El Cairo, aunque solo fuera por las pirámides; Roma, aunque solo fuera por el Coliseo, Nueva York aunque solo fuera por un paseo por Quinta Avenida. A Alcalá la Real vale la pena ir aunque solo sea para contemplar las sepulturas de la iglesia abacial (siglo XVI) desde el coro. No exagero lo más mínimo: el suelo del templo ha desaparecido y en su lugar encontramos una panorámica de lo que había debajo: un laberinto de sepulcros tallados en la roca viva sobre la que se asienta el edificio, una acumulación de enterramientos que no dejan un centímetro libre y excavan escaleras pinas y sinuosas, nichos y sepulturas debajo de otros sepulcros más antiguos hasta conformar una ciudad subterránea. La bella iglesia abacial de Alcalá es el aparcamiento de la muerte, los desordenados pero limpios anaqueles en los que se espera la resurrección de la carne cuando suenen las trompetas del valle de Josafat. La iglesia de las tumbas está en la Mota, la impresionante fortaleza de Alcalá la Real, un cerro elevado que remata en una amplia meseta de tres hectáreas de superficie desde la que se atalaya un impresionante paisaje.
Por todo el cerro vemos, recién excavados, los restos de las construcciones medievales: casas, callejas, bodegas, almacenes, una botica medieval rigurosamente construida y un castillo fuerte que alberga el Centro de Interpretación de la Frontera, en el que, gracias a los más modernos ingenios audiovisuales, los propios personajes nos explican las interesantes instituciones comunes que permitían humanizar las relaciones entre nosotros y cristiano y la rica cultura mestiza que desarrollaron. Un producto típico de esa cultura fue precisamente Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, nacido a la sombra de la Mota, que sin perjuicio de su estado clerical se interesaba por las troteras y danzaderas moras».
Los hermanos Castillo López son alcalaínos que recalaron por el concurso de traslados de la Junta de Andalucía en Benalup-Casas Viejas. Como tantos otros cayeron en la telaraña que engancha a todo el que se acerca a esta tierra. También conozco de allí a Fernanda López Delgado, la madre de una de las mejores alumnas que he tenido y la que menos caso me ha hecho. El mundo es un pañuelo, la mayoría de las veces lleno de mocos, pero es una curiosidad que la madre de Yoli sea de Alcalá la Real. Yoli Barberán López me manda el siguiente texto: «Desde luego que es un lugar con mucho enigma, el silencio y su olor a tierra húmeda, hacen aun mas si cabe al lugar mas cautivador. Es impresionante como se alza esta fortaleza, para dejar al pueblo a sus pies, al igual que todas las construcciones de aquella época, realzando el poder de la iglesia y por lo tanto de la religión, la vida y la muerte, el bien y el mal, la resurrección…Mi visita fue hace bastantes años, no recuerdo exactamente cuantos, lo que si recuerdo es aquella imagen imperial, impresionantes muros de piedra construyendo una muralla perfecta, que recoge toda la fortaleza en su interior, los jardines, sus tumbas infinitas, los cipreses y una sensación de misterio y suspense que asustaba, mucha historia……..El mantenimiento de los jardines y demás zonas y la gestión en cuanto a las visitas impecable.
La Fortaleza de la Mota, me recordó mucho a la sensación que tuve cuando de pequeña descubrí El Convento del Cuervo, el olor, la eterna escalera, la sensación de poder y la construcción alzándose a esas vistas tan majestuosas hacían pararte a pensar y respirar hondo, la explanada delantera del convento, muy parecida a la gran explanada situada delante de la iglesia de la fortaleza. Tengo especial cariño a Alcalá la Real, mi madre nació allí, y aunque tuvo que emigrar a Mataró, (Barcelona ) muy jovencita, para luego terminar viviendo en Benalup – Casas Viejas, nunca dejo de pronunciar esa» j «larga típica de los de Jaén y de recordar su pueblo. Desde luego animo a todo el mundo que vaya a verlo pues es de esos lugares que te hacen poner los pies sobre el suelo y entender mucho mejor a nuestros antepasados.Una visita inolvidable».




