Durante la postguerra el gentilicio de Casas Viejas quedó asociado a insurrección, a rebeldía, a revolución, a… connotaciones peyorativas, en definitiva. Por ello, este topónimo se fue diluyendo progresivamente, solamente preservado en unos cuantos vecinos de más edad. Los republicanos, socialistas y anarquistas que no murieron en el transcurso de la guerra o no se exiliaron, o no los encarcelaron y pudieron volver, pasaron una larga travesía en el desierto con visitas y control constante de la guardia civil. Constituyen el grupo de las tres derrotas. La primera en los Sucesos, con la muerte de muchos amigos o/y familiares y su encarcelamiento, donde de los veintiséis juzgados fueron condenado a penas de prisión dieciséis. La segunda en la guerra civil, en la que la inmensa mayoría luchó en el bando republicano. La tercera en la posguerra. El grupo de los anarquistas, José Rodríguez Quiros (Pepe Pareja), José González (Pepe Pilar), Juan Moreno, Sebastián y Miguel Pavón, José Monroy… y un largo etcétera sobrellevaron “agazapados”, como mejor pudieron, la larga y represiva postguerra. El manto de silencio no solo se impuso sobre el topónimo de los Sucesos, sino sobre los mismos hechos. No obstante, tras muchos intentos, Mintz consiguió la confianza del grupo de los viejos anarquistas, éstos, tras muchas precauciones y en plena clandestinidad, le contaron al americano los hechos y los acontecimientos de estos Sucesos. En la España de Franco, el miedo a participar en todo lo relacionado con lo que se entiende por política era algo palpable y constatable. El miedo era el punto de conexión de todas las relaciones sociales y personales. No solo por el gran número de chivatos y confidentes reales existentes, sino también por los que la gente se creía que había, multiplicando éstos a los primeros por varias veces. Al miedo hay que unirle la resignación y la adaptación a las nuevas circunstancias para entender la sumisión y la inmovilidad de la sociedad franquista. Sumisión e inmovilidad que se acentúa en el mundo rural. En Benalup esta tendencia aumentaba, pues la represión sufrida por los Sucesos aumentó la sensación de estar observado, perseguido y controlado.
Aunque con la llegada de la democracia se le puso el nombre de Casas Viejas a un festival flamenco, a un equipo de fútbol sala o a un instituto de enseñanza secundaria o se les dio una sepultura digna a los restos…, la herida no está curada del todo. En la actualidad ese miedo y pudor a hablar sobre aquellos hechos no ha desaparecido. Hay varias familias que se niegan, somos testigos directos de ello, a revelar datos de los parientes que participaron en aquellos hechos. Estamos ante una semana especial, el 75 aniversario, sería una pena que se perdiera esta magnífica oportunidad para alejarlos de la manipulación y especulación e instalarlos donde hace mucho tiempo que deberían estar: en nuestro acervo histórico y patrimonial, situados en nuestra memoria histórica con la naturalidad y normalidad propia de una sociedad moderna, democrática y culta. Seria una lastima, que no hubiera, tambien, un recuerdo especial para este grupo derrotado por tres veces en nuestra historia, saldando asi una vieja deuda. Estamos hablando de las raices y bases del actual Benalup Casas Viejas.
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