La Cruz Roja ha tenido un alto papel honorífico y representativo en el pueblo. A su junta directiva pertenecían miembros destacados de la sociedad benalupense del momento y se encargaban de organizar, entre otras cosas, los homenajes a las personas que ellos consideran apropiadas para ello. En la foto, vemos el homenaje a Don Andrés el practicante, el 23 de Mayo de 1963. Además del homenajeado aparecen, entre otros, de derecha a izquierda Nicolás Vela (concejal en el Ayuntamiento de Medina y alcalde pedáneo de facto), José Rey (propietario de una tienda tejidos y confecciones), José Romero Bohollo (veterinario y futuro alcalde pedáneo), Francisco Bancalero Miceas (Director de la sucursal del Banesto y gerente del sindicato) y Andrés Mota Barrios (funcionario del Ayuntamiento). Sentados aparece el Padre Muriel, Andrés el Practicante y su hijo Francisco Martínez (maestro). Un momento importante del homenaje era la foto de rigor que plasmaba para la posterioridad este reconocimiento público que las personalidades de la época le hacían al homenajeado. 
La familia Vela tenía un piso en Cádiz, en la calle Rosario, en el número 15, allí nacieron y se educaron los hermanos González Espina, o Juan y Pin Vela, por ejemplo, simultaneando sus andanzas benalupenses y gaditanas. La familia era muy amiga de Maruja Martínez, la hija de D. Andrés, el practicante, que tenía un piso en la misma calle del Rosario, pero en el número 9. En la tercera planta estableció una especie de cuartel educativo donde se alojaron muchos benalupenses que estudiaban en Cádiz, como su sobrino Eugenio, o los hermanos Fernández (Rafael, Juan y Pepe) o Manolo Pérez-Blanco, (esté no sería maestro como los anteriores, sino médico). O también Angelín, o los hijos de Becerra, el veterinario, Cristóbal el serrano…Maruja Martínez Ruíz llevaba el piso mitad pensión, mitad acuartelamiento con la autoridad propia de aquellos tiempos. También se encargaba de planificar las salidas conjuntas de los estudiantes al teatro. Permiso había para salir por la noche solo y exclusivamente para asistir a la adoración nocturna. Nos cuentan que Angelín y
algunos de sus compañeros aprovechaban la licencia para conocer otros aspectos del Cádiz nocturno. Como dice Mintz en el libro que presentamos ayer en los Dedócratras: «Ángel abandonó sus estudios religiosos y se convirtió en un maestro. Como probaron los acontecimientos, Ángel tenía más interés en los pocos días del carnaval que en los cuarenta días de Cuaresma».
Como el mundo es un pañuelo, ayer Brezo y Castañuela presentó el libro de Mintz en el mismo número 9 de la calle del Rosario. Esta vez no en la tercera planta, sino en la primera. El recibimiento fue de lujo. Martín Periñan estuvo encantador. A José María Jurado Magdaleno no se le escapó ningún detalle. Marco Zilbermann, nuestro enlace y cómplice, rebosaba tranquilidad y buen rollito. Muchos peñistas y muchas fotos de la fiesta que simboliza la lucha por la libertad. El espléndido recibimiento se completó con la sala llena, vendiendo una caja de libros y con unas copitas y unas tapitas a cuenta de la peña. Para completar la teoría del pañuelo resultó que el que llevaba la barra de la peña, Jaime Fernández de la Puente Alcántara, otro carnavalero de pro, era de ascendencia benalupense. Su abuela Ana Capita, hermana del letrista de los llorones, que a su vez era padre de Pepe (uno de los miembros de brezo…). Yo como una castañuela de contento. Resultó, por tanto, que el mundo sigue siendo un pañuelo, pero esta vez lleno de queso y jamón. Esperemos que sirva de precedente y que continue la racha.

