Presento una fotografía doble con tomas distintas de hace 50 años en el mismo lugar. Manolo el de los Jardines me las manda. Él va muy rápido quiere hacer más cosas, la reflexión me toca a mi. La comparación de los dos tipos de fotos deja una primera conclusión: todo pasa y todo queda, todo es temporal, pero todo es permanente.
Cincuenta años después los albañiles no tienen cascos, hormigoneras, gafas de seguridad, ni carrillos de plástico. Las calles están más arregladas, las casas blanqueadas y se nota cierto progreso. Pero tanto en las fotos de Mintz como en las de Manolo se retrata lo mismo, el arreglo de la calle San Francisco. Ha habido cambios, en la estructura y mobiliario urbano, pero básicamente sigue siendo el mismo.
Estamos en el centro histórico, en la parcela que compró Francisco Vela López, que repartió entre sus hijos e inlicio el inicio del predominio urbano de los Vela que ha llegado hasta hoy. En otras calles del pueblo, sobre todo donde predominaban las chozas, como se partía de peor situación, los cambios han sido más drásticos y radicales. Pero al final, una escena de los albañiles actuales arreglando este rincón tan bonito, a Manolito le hace reflexiona sobre el tiempo. Esa reflexión no sólo es pertinente, sino también necesaria.
Hay que empezar constatando la suerte de poseer las fotos de Mintz, que ha permitido a Manuel recrear la escena cincuenta años más tardes. Podemos recrearnos en valorar los adelantos, los atrasos, las comparaciones… y sobre todo la posiblidad de reflexionar sobre el tiempo insoslayable. Yo estoy confundido, espeso, confuso, envuelto por la incertidumbre, como el tiempo que nos ha tocado vivir. Pero la reflexión que han provocado estas imágnes para atraparlas y unirlas a las de Mintz de Manolo, lo mismo que esta trabajando otro Manolo, Cepero; con las imágenes de ayer y hoy, me parece que les estamos dando importancia a unos aspectos que nos son hacen más personas, más humanos, más frutos nuestro tiempo.
