En el Ayuntamiento de Medina celebran pleno pronto. Lamentan los hechos, expresan su solidaridad con las victimas y se prestan a colaborar en la campaña de caridad hacia los familiares de las víctimas. Se aprueban las facturas (pleno de 23 de enero) que las fuerzas de orden público y sanidad han generado a consecuencia de estos hechos. Desde el Ayuntamiento parecen ser conscientes de que las causas había que buscarla en el subdesarrollo económico y cultural (Suárez Orellana plantea con razón la dependencia política de Medina como otra causa) y así, desde el mes siguiente empiezan una serie de gestiones encaminadas a crear nuevas escuelas en Casas Viejas, montar una Comunidad de Campesinos en la Yeguada Militar como medida concreta para paliar el atraso económico y la creación de un nuevo edificio para la Guardia Civil. Tanto la Comunidad de Campesinos como el cuartel de la Guardia Civil se van a hacer realidad durante el bienio conservador, pero el tema de las escuelas, aunque hubo algunos progresos, habrá que esperar al final de la década de los ochenta en el siglo XX para resolverlo definitivamente.La represión la tenemos que rastrear por la prensa, pues los archivos de la cárcel de Medina parece que se han perdido. “En Casas Viejas se han cometido atropellos incalificables, no solamente durante el movimiento, sino después… Se ha pegado en el cuartel y en la calle”. En La Barbarie
gubernamental, Pérez CordónLa proclamación del comunismo libertario, el subsiguiente enfrentamiento con la Guardia Civil y la muerte de dos de sus miembros no solo tuvo como consecuencia otros veintiséis muertos más. En los días posteriores a estos Sucesos en el pueblo se instaló un clima de represión, miedo y temor que resulta difícil de describir. La gran mayoría de los que habían participado en la proclamación del comunismo libertario huyeron a la sierra o se escondieron en la Morita. Poco a poco, fueron entregándose, extendiéndose el rumor de que fuerzas de la aviación los iba a bombardear. El clima de miedo en el pueblo lo describe Eduardo de Guzmán contando la escena de una viuda que acudió al juez para pedir permiso para enterrar a su marido. Afectada por los sucesos de los días pasados preguntó también si le ocurriría algo al carpintero si hacía ruido con su trabajo. Cerca de 100 personas ingresaron en la cárcel, solo veintiséis iban a ser procesados posteriormente. Si las actuaciones oficiales iban a dejar abundantes huellas, como el Cuartel, la Cruz Roja, la Yeguada… las actuaciones oficiosas, la represión, van a marcar su impronta de una forma trascendente e invisible, pero tan persistente que ha llegado hasta nuestra actualidad, porque el pasado, ya sabemos, que es cansino, cabezón y terco, empeñado en perdurar.
Las dos fotografías son de Campúa. La primera la cárcel de Medina. La segunda el espectáculo de la detención del casaviejeño Juan Gallardo. El guardia civil Manuel García Rodríguez que junto con Salvo fueron los dos que se salvaron del ataque a los cuarteles hace muy concentrado su trabajo, mientras otros guardias civiles miran sobrados a la cámara. Detrás Julio Romano, el compañero periodista del fotógrafo, esboza una leve sonrisa, consciente de que está asistiendo a un acto histórico (aunque luego cambiaría de tendencia). Al fondo, a la derecha el bar Ricardo, a la izquierda el bar de Alfonsito el de Pérez y en el centro la calle San Juan , que son los únicos elementos de la fotografía que permanecen inalterables.
