Y Juan Galindo González era cuñado de Juan y Jerónimo Silva González ya que estaba casado con Catalina Silva. Ante la tragedia familiar de la noche anterior, se encontraba en casa de su cuñado. Fernando Lago, por su parte, había participado en los Sucesos, estuvo disparando durante  la noche a los de asalto desde su casarón , intentando dificultar el ataque a la choza de Seisdedos ya que allí se encontraba su hija Manoli con su amiga María Silva Cruz, “La Libertaria”,  en el momento en que llegó Artal y sus hombres con la intención de detener a los hijos de Seisdedos (Pedro y Francisco). En cuanto a los primos Montiano, Salvo fue a detener a Balbino Montiano Cruz, que sí había participado en los Sucesos, al no encontrarlo se llevaron a su hermano Andrés y a su primo Balbino Zumaquero, hijo de Gaspar, aquel presidente del sindicato que se suicidó en 1915 en el contexto de la huelga por el destajo. Andrés vivía en la calle Alta y Balbino Zumaquero en la calle Medina, pero dormían en la casa de sus abuelos Francisco Cruz Moreno y Francisca García Legupín, en el rancho que tenían en el callejón de la Rica, vecinos de Juan Silva y Fernando Lago.  En definitiva, los 6 pertenecían a la amplia familia anarquista de la localidad.
El teniente  Sancho Álvarez con el guardia civil García Rodríguez y Gutiérrez como conocedores del pueblo, y  los guardias de asalto Julián García Ginaber, Salvio Ribagorda Gómez o Diego Pérez Pérez…  bajaron por el callejón de la Rica hasta la calle Medina. Allí detuvieron a Juan Grimaldi Villanueva, José Utrera Toro «El Ronquio»  y fueron a la casa de Juan  Pinto González; huido éste, se llevaron a su hermano Manuel que en nada había participado. Dice Mintz:»Juan Pinto, que creía que su hermano había sido fusilado en su lugar». José Utrera Toro estaba enfermo (padecía tuberculosis) pero los guardias de asalto fueron a su casa a buscar a Juan Estudillo, (compañero de su madre, tío y cuñado de Manoli y Fernando Lago), que era uno de los hombres más influyentes del sindicato anarquista y que, aunque no había participado en los Sucesos, había huido al monte. Juan Grimaldi Villanueva «El Turco Japonés» no había participado en nada pero los guardias fueron en busca de su hermano Gabriel Grimaldi Villanueva que sí lo había hecho, al  no encontrarlo se lo llevaron a él. Gabriel entró después en la cárcel, muriendo en el 38 al caérsele el tejado de la choza donde dormía, con su compañera Carmen y su hija Mari Paz, ambas salieron ilesas del accidente. En la calle Medina en el número 31, en un pequeño callejón, hicieron las tres últimas detenciones, la de los dos hermanos Juan y Manuel García Benítez, sobrinos de Manuel Benítez al que también detuvieron.  El objetivo  era Antonio Lino Reyes. Los guardias de asalto se llevaron al compañero de Sebastiana, Manuel Benítez Sánchez y a dos de sus sobrinos que vivían en la choza de al lado. Días más tarde serían detenidos Antonio Lino Reyes y Sebastiana Reyes, a ésta  la acusaron de encubrir a su hijo.  A las siete y media de la mañana el capitán Rojas, desde su montículo, frente a la calle San Elías, tocó el silbato y las dos patrullas se reunieron con él. La cuerda de presos constaba de 14 individuos. Siempre se ha dicho que, salvo Fernando Lago, los otros once no habían participado en nada (la versión de que los 12 fueron elegidos al azar se sigue intentando mantener) y había muchos enfermos (Juan Silva y José Utrera). Pero está claro que, tanto la patrulla de la calle Nueva como la de la calle Medina, fueron guiadas por los guardias civiles del pueblo a domicilios concretos de campesinos que sí habían participado en el movimiento y al haber huido los que iban buscando, se llevaron a sus familiares (hijos, hermanos, cuñados…”El Tullio”, Pinto, “Manolete”, Utrera Toro, Grimaldi Villanueva…) o simplemente se trataba de miembros de familias “con ideas” (Fernando Lago, Juan Silva, los primos Montiano, Juan Galindo.  El destino de estos detenidos lo tenía clarísimo el teniente García Castrillón. En el sumario del caso aparecen las siguientes declaraciones: “Se hicieron unos cuantos detenidos, seis u ocho, y entonces sentí que iban a hacer un escarmiento”. De hecho se opuso a que Luís Barberán se incorporará a la cuerda, al considerarlo detenido bajo su jurisdicción. Esto le salvo la vida.


En las fotografías arriba Antonio Lino y su madre Sebastiana Reyes, abajo Juan García Benítez.

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