En la foto, el capitán Rojas con sus abogado, Pardo Reina, y su procurador, Lepiani.

El 10 de marzo de 1933 Francisco Ascaso en el periódico Solidaridad Obrera de Barcelona hablaba por primera sobre la maldición de los Sucesos de Casas Viejas sobre aquellos políticos que tocan ese tema. Muchas veces hemos comentado entre algunos de los que estamos “enganchados” historiográficamente a estos Sucesos, que esa maldición se ha extendido de los políticos a muchos de los que se acercan a estos hechos.
Dice Antonio Ramos Espejo en Los Sucesos de Casas Viejas en la historia, la literatura y la prensa.»La historia de Benalup-Casas Viejas es una madeja que te envuelve, desde el sentimiento a la reflexión, sobre todo si uno ha tenido la oportunidad de entrar en las vidas de algunos de aquellos supervivientes o de los familiares de las víctimas de aquella masacre que ha marcado sus vidas». Una vez que te ha atrapado la historia de Casas Viejas parece difícil escaparse y entonces cualquier hecho desafortunado es fácilmente aplicable a esta  maldición de Casas Viejas. Ya hablé en otro pots del abogado López Gálvez. José Luis Gutiérrez Molina escribió para este blog un estupendo artículo. Efectivamente después de la Guerra Civil vería su vida arruinada, entre otras cosas, por su actuación en los juicios de los Sucesos de Casas Viejas. Tanto en el juicio de 1934 como en el de 1935 contra Rojas, este consideró al encargado de la defensa particular y de 9 jornaleros de Casas Viejas en el juicio a los campesinos como su gran enemigo. En 1936 cuando estalla la guerra López Gálvez va a pagar por ello. Cuenta Tano Ramos en el Caso Casas Viejas: “En 1935, Rojas identificaba como su enemigo al abogado de las familias de los hombres que él había fusilado. López Gálvez era el abogado defensor de unos cuantos vecinos de Casas Viejas acusados de participar en el asalto al cuartel…En 1936, libre y de nuevo con mando, iniciada la guerra civil, el capitán Rojas viajo a Cádiz desde Granada, donde dirigía las milicias falangistas, e intentó matar un preso. Afortunadamente para López Gálvez, esa vez hubo quien frenó a Rojas”.
López Gálvez fue encarcelado y juzgado varias veces.  Incluso fue condenado a cadena perpetua, condena que luego fue permutada tras su paso por el penal del Puerto y del Dueso por otra de cuatro años de prisión. Fue depurado tanto del colegio de abogados, como de su plaza de profesor de la Escuela de Magisterio. En esas circunstancias, al salir de la prisión se trasladó a Madrid donde pronto enfermó y tuvo una vejez prematura. Murió el 28 de septiembre de 1976. Dice Tano Ramos: “Seguimos hablando con Soledad. Inevitablemente volvimos a la persecución de Rojas, a las huellas que habían permanecido de esa venganza que López Gálvez siempre vio detrás de su condena en el consejo de guerra. Porque no sólo la intuía. Bien sabía él que aquel militar que un día se sentó en el banquillo en la Audiencia de Cádiz, el que había disparado y ordenado a sus hombres disparar contra doce indefensos vecinos de Casas Viejas, se había tomado la molestia de arruinarle la vida. Claro que lo sabía…”. Lógicamente al leer el caso me acordé de todo lo que nosotros hablamos sobre la Maldición de Casas Viejas.

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