Dos son los momentos en los que se hace el grueso de las fotografías de los sucesos de 1933: el 13 de enero y el 19 de febrero, y aunque hay otras fechas intermedias, la mayoría son del 13 y 14 de enero. Por ejemplo, esta de Gelán, que tomó fotografías de la iglesia y del cura repartiendo pan entre los huérfanos de Casas Viejas. Son los mismos diecisiete niños que luego van a ir a la colonia Fermín Salvochea de Cádiz y que aparecen en muchas fotografías:
— Francisco, Juan y Manuel Silva Cruz, hijos de Juan (asesinado) y María, y hermanos de la famosa María la Libertaria.
— Catalina y Francisco Silva Cruz, hijos de Jerónimo (asesinado) y primos por partida doble de los anteriores.
— El niño Manuel García Franco, hijo de Josefa Franco (asesinada). Junto con María la Libertaria fueron los dos únicos supervivientes de la quema del casarón.
— María, Juan, Francisco y Francisca Galindo Silva, hijas Juan Galindo González (asesinado) y primos de los anteriores.
En total, diez miembros de la misma familia.
De los otros siete, cuatro son hijos de Fernando Lago (asesinado) y hermanos de Manolita Lago:
— Mariana (la mujer de Pedro Moya Paredes), Juan, Ángeles y Miguel.
— Los tres restantes son hijos de Manuel Benítez, Manolete (asesinado): Bárbara, Dolores e Isabel Benítez Reyes.
Sobre ellos se escribió desde los dos extremos. Presento a continuación unos párrafos del ABC del 14 de noviembre de 1933:
El luto se enseñoreó de aquel rinconcito andaluz. Habían quedado también reducidos a pavesas, como la choza de Seisdedos, muchos hogares. Viudas y niños huérfanos, desesperados, se revolvían contra aquellos. No encontraban consuelo en sus aflicciones y en su pesar. Los demagogos y los predicadores de aquellas teorías, que habían envenenado a sus maridos y a sus padres, los abandonaron, como siempre, en el momento de peligro. Pero en el pueblo vivía un señor, que se llama D. Andrés Vera, que no es maestro laico, no está enrolado en ningún partido político. Es el párroco del pueblo, un modesto cura rural que, sirviendo la doctrina de Cristo, consoló a los afligidos, derramando consuelos en aquellos hogares y recogiendo limosnas para repartir socorros a los desamparados. Ejemplar enseñanza para algunos de esos superhombres, que pretenden ignorar que sólo la doctrina de Cristo hubiera hecho imposible los sucesos de Casas Viejas.

Vedles en la foto. Es la primera vez que se «retratan»; y hasta sonríen un poco cuando el fotógrafo les dice lo del consabido «pajarito». Todos en alpargatas; es su calzado de días de fiesta. Algunas niñas llevan la túnica negra del «luto». Un pie desnudo asoma imprudente por un huequecito. Tres niñas —las tres que se hallan en el primer plano— lucen sendos panes larguiruchos, que les han regalado en casa del cura. El cura es un pobre mastuerzo a quien manejan los burgueses a su gusto […] Y como la burguesía les da un panecillo, como se tira un trozo de pan duro a un galgo, es necesario que salga en los papeles. No sólo que lo escriban, sino que lo «retraten» para que no haya necesidad de leerlo. Los fariseos del tiempo de Cristo daban su limosna a toque de trompeta. Los fariseos de hoy la dan con fogonazos de magnesio.

