Las tres fotografías están hechas en el patio de Varelo, entre la calle San Juan y Cuartel.
Como estamos viendo en esta serie sobre el ninguneo a las
víctimas los Sucesos estos se caracterizaron por su repercusión política y mediática,
por su presencia en la vida pública española. Ante un hecho de esas dimensiones
nadie permaneció indiferente, todo el mundo quería participar, salir en la
foto. Aunque, en el fondo las víctimas, sus familiares y el pueblo general era
lo que menos importaba, muchas organizaciones e instituciones utilizaron la
caridad y la solidaridad hacia las víctimas para hacerse notar en la escena
pública.


La primera ola de caridad surgió en el pueblo. Los propietarios
regalaron pan al cura para que este a su vez se los diera a los huérfanos de
los Sucesos. ABC pontifica el 14-11-1933 comentando una fotografía del cura
Andrés Vera repartiendo pan entre estos niños: “Es el párroco del pueblo, un
modesto cura rural, que sirviendo la doctrina de Cristo, consoló a los
afligidos, derramando consuelos en aquellos hogares y recogiendo limosnas para
repartir socorros a los desamparados. Ejemplar enseñanza para algunos de esos
superhombres, que pretenden ignorar que sólo la doctrina de Cristo hubiera
hecho imposible los sucesos de Casas Viejas”.
Por su parte, los
anarquistas consideran que esa «caridad» respondía a un intento de
lavar la mala conciencia de los culpables. Así Tierra y Libertad decía
por esa fecha: “El cura es el intermediario. Y como la burguesía les da un
panecillo, como se tira un trozo de pan duro a un galgo, es necesario que
«salga en los papeles». No sólo que lo escriban, sino que lo
«retraten» para que no haya necesidad de leerlo. Los fariseos del
tiempo de Cristo daban su limosna a toque de trompeta. Los fariseos de hoy la
dan con fogonazos de magnesio…”.
Los niños continuaron siendo objeto
de la caridad. Tragedia y niños tenían unas connotaciones que ninguna
fuerza política y mediática estaba dispuesta a pasar por alto. En este
sentido  se  llevaron
a los hijos huérfanos de los Sucesos a la colonia Fermín Salvochea de Cádiz,
con la intermediación del socialista local Suárez Orellana para que allí recibieran
instrucción.. Al poco tiempo, las familias retiraron de ellas a su hijos y las
autoridades argumentaron que las culpas de ello las tenían las presiones
anarquistas sobre las víctimas. 




El impacto real y mediático de los Sucesos de Casas Viejas fue tan
grande que una institución como el Ayuntamiento de Medina no podía permanecer
impasible, sobre todo, ante las victimas entre el campesinado, aunque tuvieran
un 
“ideal equivocado”. Así, se decidió crear una suscripción decarácter nacional. Una gran parte de Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales, Gobernadores
Civiles, Diputados, Ministros y otros cargos e instituciones del estado
español participaron en dicha campaña recaudándose un total de 15.543 pesetas,
ahora bien aparecieron polémicas como sí las fuerzas del orden muertas eran
consideradas víctimas (el rayo que no cesa) o si lo era Joaquina la Gitana o si la causa de los
Sucesos eran políticas, económicas, sociales o culturales. 



Pero además de esta
suscripción hubo muchas más. Abundaron las comisiones pro-víctimas, fueron 
muchas
las campañas
 que se
hicieron, los donativos recogidos, los libros o las obras de teatro realizadas
para recoger dinero. No siempre las autoridades veían con buenos ojos estas campañas.
Cuatro cenetistas de Paterna (
 Miguel Pérez Cordón, José Vega Ortega, Juan
Caballero Torrejón y Francisco Vega García)
 fueron detenidos en Casas Viejas cuando vinieron a
entregar a las familias los donativos recogidos en la localidad vecina. O las
1000 pesetas recaudadas en Barcelona por la familia Umbrales para las víctimas
de los Sucesos entregadas a Gallinito en el juicio de junio de 1934 fueron
incautadas por el juez. Cuatro meses más tarde
se remitieron a la Comisión Pro
Víctimas de Casas Viejas. 



Otro apartado donde se observa la invisibilidad de
las víctimas y que estas en el fondo era lo que menos importaba es el asunto de judicial de las responsabilidades. En el juicio a Rojas se presentaron tres familias casaviejeñas
como parte de la acusación particular. Solo la de María Toro y María Cruz recibieron
las 15.000 pesetas de indemnización
de
responsabilidad civil, sin la sustitutoria del Estado. La familia de Antonio
Barberán Castellet se quedó sin ella y la pensión de 3.000 del congreso, y
además debía pagar el porcentaje correspondiente de las costas del juicio. El
motivo fue que en la sentencia se consideraba que Rojas no había participado en
su asesinato, aunque si aparecía en el de Rafael Mateos Vela (que ocurrió
cuando él estaba todavía en Jérez). Como dice Gutiérrez Molina: «U
na sentencia que, tras el recurso, consideraba las muertes como homicidios , en vez de asesinatos, y, consecuentemente, reducía la condena del capitán a tres años que, en marzo de 1936 cumplió. Ahí quedaron las responsabilidades judiciales de la matanza de Casas Viejas en cuanto a sus ejecutores. Rojas, como había pensado el gobierno en 1933, se convirtió en el único responsable oficial». Es inevitable comparar este fallo con el del juicio a los campesinos que se haría en junio del 1934.



En el Congreso de los diputados se aprueba a todo
bombo y platillo una pensión para las víctimas de los Sucesos de Casas Viejas
de 3.000 pesetas al año. Ya hemos visto que quedaron fuera la familia de
Antonio Barberán, y también la de los asesinados en el casarón de Seisdedos y
las que no fueran fruto de la razia del día 12. Las pensiones de 250 pesetas
mensuales la estuvieron cobrando las familias de las víctimas hasta julio de
1939, según testimonio de Ángeles Lago Estudillo. Resulta que terminada la
guerra la Falange de las JONS de Cádiz empieza a hacer gestiones sobre esas remuneraciones
y consigue que se eliminen. De ellos hay constancia escrita en el archivo
municipal de Medina Sidonia. No
era la primera, ni será la última vez que el gobierno de Franco demostraría su
animadversión a Casas Viejas. De ello va la próxima entrada de la serie.
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