Como en todo gran grupo, dentro de los que participaron en los Sucesos los hubo que estaban muy ideologizados y tuvieron un gran protagonismo, los llamados “con ideas” y otros que simplemente se apuntaron a la ola dominante, dentro de un contexto específico de pobreza y sumisión, teniendo un rol secundario en estos Sucesos. Este fue el caso de José Moreno Cabeza “Rompemontes”, que aunque no tuvo una significación especial en los Sucesos si sufrió cárcel y represión por ello. En esto coincidieron todos.
Una vez detenido, se realizó la instrucción del caso, aduciendo José Rompemontes que no había participado, por lo que fue sometido a un careo el 19 de febrero con Rocha, Sebastián Pavón y Cristóbal Toro para dilucidar si había participado en los disparos contra el cuartel. En el juicio de junio de 1934 fue defendido por el abogado Don Benito Pavón Suárez, se le acusó de participar en el ataque a los cuarteles desde la parte de atrás, por lo que fue condenado a un año de prisión, aunque alegó que no participó en los disparos al cuartel. En agosto, salió de la cárcel pues se vio beneficiado de un indulto, junto a Antonio Durán y Pepe Pareja, concedido a aquellos a los que no se le había podido demostrar fehacientemente que habían disparado contra las fuerzas del orden. La insistencia de que no había participado pues se había ido a cuidar a su mujer embarazada dio sus frutos en forma de amnistía.
En la postguerra pasó miedo y penurias lo mismo que todos estos campesinos que participaron en los Sucesos. Dice una de sus hijas: “Mi padre trabajaba en el campo, en verano cegaba, araba en la Laguna y en el invierno hacía el carbón, hasta que sus hijos fueron mayores y se acomodaron. Trabajó muchísimos años en Jandilla, de portero en el Aguijón”. Fue vecino y amigo de Jerome Mintz (este hizo una película sobre la emigración donde era protagonista su hija Tolina; la familia de Pepe), pero perteneció al grupo que no quería hablar del pasado y así expresamente se lo dijo al antropólogo americano. Tenía el miedo interiorizado. Esta situación queda claramente reflejada cuando su hija resume la relación de su padre con los Sucesos: “Lo metieron en la cárcel ya que tenía una escopeta porque era cazador. Estuvo catorce meses en la cárcel, sin comerlo ni beberlo. Nos hicieron muchísimo daño. Mi padre no le hacía daño ni a un mosquito, era muy noble y trabajó con todo el mundo y todo el mundo lo quería. Se metió en todo eso porque solo quería trabajar y la peonada para sus hijos”.
Murió el 20 de abril de 1976 y su mujer, Juana Barberán Calvente, lo hizo el 10 de marzo de 1980. Tuvo 10 hijos, Rafael, Rosa, Manolo, José, Antonio, Tolina, Teresa, Juana, Luisa y uno que murió pequeño Francisco. A José Moreno le tocó vivir en una época y un contexto que le empujó incorporarse a un movimiento que buscaba mejorar las condiciones de vida, siendo por ello duramente castigado y marcado.

