Como ya he comentado varias veces en este blog, el acontecimiento histórico de los sucesos de Casas Viejas nunca ha sido bien digerido y tratado en Benalup-Casas Viejas, de modo que todavía no se ha interiorizado con normalidad y tranquilidad en el acervo histórico local. En una época como esta, 1978-1983, cuando acaba de terminar la dictadura y empezaba una tumultuosa transición democrática, todavía menos. Una de las causas que explican el recelo y el distanciamiento de gran parte de la población por los sucesos de 1933, en la Segunda República, está en la dualidad con la que se han tratado.
Por un lado, desde 1933 se instaló en el pueblo un régimen de represión y olvido con respecto a todo lo que estuviera relacionado con los sucesos: empezó por la eliminación del topónimo Casas Viejas y continuó por el tratamiento que recibieron y el intento de olvidarlos, pasando por la marginación de todo lo que estuviera relacionado con ellos. Por otro lado, sobre todo a partir de la llegada de la democracia en 1978, los sucesos despiertan un gran interés para amplios sectores foráneos. Esa suspicacia y desconfianza tiene su expresión en el tratamiento del episodio por parte del carnaval recuperado. Prevención y resquemor que aparecen hacia ellos cuando, en plena democracia, en el resto de España empiezan a tratarse con libertad, cuando se inaugura el monolito del cincuenta aniversario, cuando se hace la película de López del Río o cuando vuelven a la escena mediática a raíz de los sucesos de septiembre del 82.
Dice Mintz en Las coplas de Carnaval…, a propósito de la agrupación de Ángel Guillén Los Turistas del Figuras (1966), que su base social eran las escasas clases medias de aquella época y el grupo de los educados, y que, por tanto, defendían con mucho ímpetu la independencia de Benalup con respecto de Medina. Y añade:
Por el contrario, Manolo y los otros compositores de Los Llorones nunca mencionan la independencia. La mayoría de los campesinos se movían en una dirección completamente diferente. Para ellos, cualquier tipo de Gobierno había demostrado ser opresivo e innecesario. Se podía servir mejor a los campesinos eliminando todo tipo de Gobierno.
O aquello que ha escrito el Santo en Carretera y manta: «Nos sobran gobiernos que trabas nos pongan». El estribillo de Los Segaores (1978) es muy revelador de este espíritu segregacionista, portavoz del grupo de los educados y partidarios de olvidar y no tratar el tema de los sucesos:
El nombre de Casas Viejasno se debe explotar.Nosotros lo que queremoses independencia ya.
El mismo mensaje antimanipulación va a aparecer en la comparsa Charlot (1983) ante lo ocurrido cuando la prensa vino a Benalup con motivo de los incidentes del paro comunitario en septiembre de 1982.
Nuevamente Casas Viejasestuvo en el candeleropor culpa de periodistas,locutores y reporteros.Al olor de la noticia,como buitres volaron,publicando a su antojocosas que aquí no pasaron.Hoy no tiene na de extraño,de parados, una sentáy la carga de las fuerzases por desgracia normal,pero ocurrió en Benalupy hay que aprovechar el filóny decir que en Casas Viejashabía una sublevación.Enseguida los sucesosaquellos del treinta y treshay que sacar,cosas con las que ahorano tienen nada que ver.Benalup no se avergüenzade su histórico pasado,pero se niega en rotundoa que sea manipulado.
Incluso Charlot (1983) se mostraba, en cierta medida, agresiva con respecto a la celebración del 50 aniversario:
Celebran hace unos díasseñores de un sindicatoel cincuenta aniversariode los terribles sucesos.Yo no sé por qué carzonesse traen tanto jaleo.El monumento que han puesto,vaya una obra genial.Se quedaría esmorecíoel gran escultorque puso el madroño.Lo hubiera puestoa su hermanaen las pantorrillasde su mismo moño.
A ello hay que unirle que la noche del 10 de enero de 1983 hubo gente del pueblo que pretendió tirar el monolito y que la Policía municipal tuvo que hacer guardia nocturna. En carnavales, hacía poco más de un mes que se había celebrado el 50 aniversario de los sucesos y el asunto estaba candente.
Otro acontecimiento de aquellos años que puso de rabiosa actualidad los sucesos fue la grabación durante 1981 de la película Casas Viejas, dirigida por López del Río. En el Carnaval de 1982, Angelín menciona el filme en un pasodoble en el que expone la versión republicano-socialista de estos hechos. Los sucesos fueron el resultado de una confabulación o manipulación de la derecha contra la extrema izquierda para expulsar del poder a Azaña y a su coalición. En el fondo, es la misma teoría que mantiene Tano Ramos en El caso Casas Viejas. Crónica de una insidia, libro publicado 2012. La teoría de la insidia política en el carnaval de aquellos años solo se explica en las letras de un autor como Ángel Guillén.
Nuevamente nuestro Casas Viejasestará de actualidada causa de esa películaque pronto se va a estrenar.Yo no voy a opinar si es convenienteremover de nuevo aquellos «Sucesos»tan tristemente famososy de nefastos recuerdos.Pero bienvenida sea si logra aclararde aquella masacrecuál fue la causa real,si descubre a los culpables verdaderosde una matanza que conmovióal mundo enteroy demuestra la inocenciade este puebloque, engañado,sufrió del juego las consecuencias.Porque, en verdad, aquello fue una partidaen que los muertos eran tan sólo fichas perdidas.Con todo ello se orquestaría una campañaque acabaría con las reformasdel culto Azaña.No importa que sea una crueldad,con un pueblo hambriento, a su antojo jugarsi contra el Gobierno se puede utilizar.Es muy lamentable, pero es así,cualquier medio es bueno si consigue su fin.
Como dije al principio, los sucesos todavía no se han interiorizado con normalidad en el acervo histórico del pueblo; y el tratamiento que hace el carnaval de ellos es una prueba de eso. La grabación de la película de López del Río durante 1981 y 1982 fue de tal impacto en el pueblo que se convirtió en uno de los temas favoritos para el carnaval de 1982. Por eso le dedico el próximo post.
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