![]() |
El perfil del emigrante benalupense a Alemania es un varón entre 24 y 35 años, que ha comenzado trabajando como jornalero, fundamentalmente en las Lomas, completando tareas con el corcho, carbón o actividades depredadoras, aunque muchos pasaron a la construcción y al no consolidarse recurren a la emigración como tabla de salvación.
![]() |
![]() |
El efecto llamada, o el reclamo como ellos lo llamaban, era la forma en la que la llegada de amigos o familiares se producía. Los que ya eran emigrantes conocían la existencia de un puesto de trabajo vacante y le decían a su jefe que conocían un familiar o amigo apto para ese puesto. Así se firmaba el contrato y cuando venía el emigrante del pueblo lo hacía con convenio de trabajo.
Los emigrantes benalupenses encontaron trabajo fundamentalmente en la construcción, automoción, plásticos, metalurgia, ferrocarriles y obras públicas, cárnicas y servicios. Se instalaron en la región de Hamburgo, Baja Sajonia, Renania-Westrfalia, Renania-Palatinado, Baden-wurtemberg, Baviera y Hesse. Aunque se les respetó sus derechos laborales y sociales, no se produjo una verdadera integración.
Los emigrantes europeos tuvieron que apiñarse entre ellos, refugiarse en sus viviendas, no aventurarse entre los naturales del país a no ser estrictamente necesario.
Se trata de una emigración no definitiva, sino temporal, entre una media de 5 o 10 años, al contrario que la dirigida a Torrent que tiene carácter definitivo. Razones culturales, idiomáticas sobre todo y de forma de entender la vida explican esa diferencia entre uno y otro tipo de emigración.
En 1973 se acabó la emigración, pues la crisis económica cerró uno de los vasos comunicantes, al no haber puestos de trabajo y producirse despidos. En el mural fotografías de emigrantes benalupenses en Alemania en 1966 y 1971.









