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El crecimiento real, como su propio nombre indica, es la consecuencia de la relación entre el crecimiento natural o vegetativo y los movimientos migratorios. Para calcularlo es necesario saber la natalidad, la mortalidad (o el crecimiento vegetativo), la emigración y la inmigración (saldo migratorio). Ya hemos visto que este último tiene más trascendencia para explicar la dinámica demográfica que el natural.
La evolución de la población de Benalup-Casas Viejas nos puede servir para hacernos una idea nítida de la historia de este pueblo. Hay que hacer la reserva que los datos estadísticos no son totalmente fiables hasta 1992, pues la dependencia a Medina Sidonia implicaba que se considerara el campo de Casas Viejas o sólo el núcleo de población según convenía a quien daba los datos. Un caso de libro es 1933 en el que Brey y Maurice dan el dato de 1850 basándose en fuentes asidonenses y Suárez Orellana apunta 3.800. Yo he optado por este segundo.
La primera conclusión que podemos sacar de estos datos que estamos ante un pueblo de idas y venidas muy acusadas. A flujos migratorios positivos le suceden otros negativos, pero han predominado los primeros. De hecho desde 1836, que es el primer censo que tenemos datos de Casas Viejas a 2011 que ha sido el techo demográfico la población ha subido más de 20 veces, pero no lo ha hecho uniformemente sino que ha habido periodos de gran crecimiento y otros de pérdidas.
Vamos a dividir la evolución de la población casaviejeña en cuatro periodos. El primero desde la transformación de la población diseminada en estable a principio del siglo XIX hasta la Segunda República. Los sopacas y los jornaleros de los pueblos vecinos acuden a Casas Viejas atraídos por las alternativas que representaban las recolecciones estivales de los latifundios cercanos y el hecho de poder complementarlo con la fabricación de carbón en invierno. El franquismo no le sentó bien a Benalup de Sidonia, como se ve en los datos demográficos. La pérdida de efectivos es evidente. En la inmediata postguerra fueron muchos los benalupenses que se marcharon de este pueblo tras las dos derrotas sufridas. Evidentemente a las causas económicas había que añadirle las políticas. En los años sesenta las políticas siguen influyendo pero no son tan visibles. La teoría de los vasos comunicantes se aplica en ese periodo pues desde el levante, el norte y Madrid atraen a una población que buscan una mejores perspectivas para ellos y sobre todo para sus hijos. Coincidió el fin de la dictadura con la finalización de la crisis de la agricultura tradicional, provocada por la anterior emigración, la desecación de la laguna de la Janda y la irrupción de las Lomas y la construcción. Asistimos entonces a la época de mayor crecimiento demográfico, urbanístico y económico de la historia de este pueblo, como se puede ver en los gráficos. La cuarta etapa viene dada por la desaceleración, la crisis y los problemas actuales demográficos, que ya hemos comentado y que volveremos de nuevo a ellos.
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Pero si analizamos los datos del crecimiento real por periodos en números absolutos podemos profudizar en la evolución de la población casaviejeña ya comentada.
Hasta 1932 el crecimiento es sostenido, se trata de población de aluvión que se establece en Casas Viejas, mayoritariamente en asentamientos ilegales. Viven en condiciones pésimas, sometidos a la dependencia económica de los propietarios, a la política del Ayuntamiento de Medina Sidonia y al aislamiento y marginación de todas las administraciones. En ese contexto se entiende el levantamiento y derrotas de 1933 y 1936. También se consolida el carácter empático y hospitalario del casaviejeño a todo el que, como el mismo, llega de tierra extraña. La primera etapa del franquismo fue la época más dura de la historia de este pueblo. A la falta de recursos general, se unió la represión. La población afectada huyó la que pudo o se atrevió. En la década de los sesenta se produce el gran trauma que llama Sergio del Molino al impresionante éxodo rural que se produce en esa época. Muchos benalupenses tuvieron que abandonar su tierra y adaptarse a otra. El proceso fue complicado, a veces traumático, pero gracias a ello pudieron mejorar las expectativas de ellos y su hijos, y, sobre todo pusieron las mimbres para la verdadera modernización del pueblo.
Esta se consolida en los setenta protagonizando el mayor crecimiento de la historia de este pueblo. 1787 personas más en una década. Evidentemente gran parte de este crecimiento real venía del saldo migratorio, pues la aportación del vegetativo es escasa y además la natalidad empieza a bajar. Es la época que Las Lomas y la construcción atraen a muchos habitantes de pueblos de la provincia de Cádiz y de Andalucía. Otro pico de crecimiento se produce al final de este periodo en 2007. Todavía se mantiene el boom de la construcción y se han puesto en marcha proyectos muy atractivos como Fair Plair o Utopía. A partir de 2012 la crisis se concreto en la pérdida de población y estabilización de ella. Los problemas demográficos actuales de la población de Casas Viejas los dejaremos para una próxima entrada de esta serie.





