Ya he publicado varios artículos sobre la obra de teatro Casas Viejas en agosto de 1990, dirigida por Luis Vijuesca, y donde Juan Moncayo, fue el alma mater del proyecto. Aquellas cinco noches de agosto se convirtieron no solo en uno de los actos culturales colectivos más relevantes realizados en la historia de Benalup, sino también en un hecho histórico relevante por sí mismo.

El propio Juan, en el artículo que escribió para el libro la Tierra, lo decía: “Conseguimos que Casas Viejas ocupara espacios en prensa, radio y televisión y lo más importante: que en Casas Viejas se pudiera hablar de «Casas Viejas». Rompimos el «tabú», e hicimos ver que no había que avergonzarse por aquellos «Sucesos» sino que teníamos que estar orgullosos de aquellos hombres que se rebelaron contra la injusticia, que lucharon y murieron por defender unas ideas, por ser fieles a un compromiso”. 




Desde mi perspectiva hay que subrayar la repercusión de la ruptura del tabú que significó esa obra de teatro, con la complicidad y la participación de gente como Pascual Cozar, Marisa Carmona, Conchi Pinto, Paco Ríos, Manuel Casas, José Gutiérrez, Fina Manzorro, Daniel García, Leonardo Ruíz, Manolo Caballero, Roberto Leo, Carlos Bancalero, Nicolás Pérez, David Sánchez, Víctor Montiano, Mari Paz Sánchez, Juana M. Cozar, Ana María Romero, José Coronil, Manuel Pérez, Luís Guillén, Roberto Leo, Carlos Bancalero, Pepe Aguilera, Francisco Estudillo, Cristóbal Mañez, José Antonio González, Pedro Ríos, Borja Fernández, Manuel Aragón, Enrique Carabaza, José Rodríguez y muchos otros más, entre los que no se me puede olvidar citar al director Luis Vijuesca. Hay que añadir que fue la primera vez que se trataba abierta y en canal el tema de Casas Viejas desde Casas Viejas, además de que allanó el camino del conocimiento de los Sucesos desde, para, y por Benalup-Casas Viejas, senda que después hemos querido seguir otros. 




El Santo, escribió un pasodoble sobre la obra en la comparsa “Sin Vida propia” en 1991. 
Testigo mudo fue la Alameda,
la vieja iglesia al fondo,noche de Agosto,
tenso silencio de álamos blancos.
Moviéndose nerviosos,
muerden sus uñas cruzando el atrio,
actores que, esa noche, a sus abuelos revivirán.
Y frente al escenario, tenso también,
espera un pueblo entero,
sentado e inquieto con mucha fe.
Recorren sus entrañas ¿angustia o miedo?
Un nudo en la garganta y, en el pensamiento
un mito que nadie quiso mover.
De pronto,el cielo tiembla,voces al aire,
se mezclan los disparos con gritos de Libertad
y el fuego de una choza quiebra la noche.
Silencio de muerte vuelve a brillar.
Como en un puño unidos, saltan a un tiempo
de sus asientos, se fue el temor.
Fundidos en aplausos intensos,
rompiendo sus complejos,pueblo con actor,
sonaron vivas a Casas Viejas
que en la Alameda perdurarán.
Y en sus cimientos se estremecieron, al recordar
aquella Historia, las viejas piedras
con sangre escrita de Libertad,
de campesinos dando la vida por su ideal.



He leído por ahí que cuando siembras un árbol en cuya sombra no vas a poder sentarte es que has aprendido el sentido de la vida. Aquella obra hizo historia, entendió el sentido de la vida. Por suerte se le escapó de las manos a Moncayo, a Vinuesa y a todos los que participaron en ella y hoy pertenece al imaginario de todo un pueblo.



Hoy os traigo además de las entradas, el cartel, los programas de mano (que costaron 111.700 pesetas) la relación de gastos e ingresos de dicha obra. Para 1990 dos millones seiscientas mil pesetas de gasto es una cifra importante. Tal cantidad económica no hubiera sido posible gastar si no hubiera estado implicada la administración municipal y contar con la ayuda de otras administraciones. No sólo pienso que la cifra fue excesiva, sino que estamos ante uno de los eventos más importantes que ha organizado el Ayuntamiento de Benalup-Casas Viejas, que tuvo unos gastos importantes, pero que contó con una amplia participación ciudadana y posibilitó el inicio de la dignidad perdida, de la recuperación de nuestra historia. Considero un mérito de Juan Moncayo conseguir un gran presupuesto, para un gran proyecto. La ocasión, evidentemente lo requería. Y quiero terminar con una anécdota que ya he contado en este blog. Me la contó Paco Sánchez Moya. Va sobre las  dificultades que tuvo que soportar y superar Juan Moncayo. Como ejemplo recuerda que él les había dejado el pabellón del chorro grande para ensayar y que una vez que terminaron los ensayos se quejó de lo sucio que lo habían dejado, esperando que el Ayuntamiento mandara a alguien para que lo limpiara. Su sorpresa fue mayúscula cuando un día fue al lugar de ensayo y se encontró al propio Juan Moncayo, sólo, fregando los suelos. Me quedo con la reflexión de Juan, en el sentido de que ellos empezaron a trabajar sobre los sucesos de Casas Viejas desde Casas Viejas,  y que lo más importante de ese trabajo es que ha permitido que otros se aprovechen de él y continúen esa senda. Luego, en el siglo XXI, 18 años después el hijo de la Luna, con Maria y los primos Ruiz Mateo a la cabeza volvieron a hacer dos representaciones más. Y años más tardes otras dos más. Aunque me consta que con menos ayuda institucional y presupuestaria que la primera vez. 



Esa capacidad que tenemos los humanos para edificar y aprovechar sobre los que otros han hecho previamente es lo que nos diferencia de otro seres y está en la base de nuestra superior cultura. Todo lo que sabemos, lo hacemos entre todos, decía Machado. Y me parece que podemos aprovechar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para profundizar en esa senda. Por cierto, ¿para cuándo la quinta representación?. El año que viene se celebra el 85 aniversario de los sucesos.
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