Decía en la anterior entrada de esta serie que la primera vez que aparece en la historia el tema de los tesoros coincide con la derrota de Don Rodrigo en la Laguna de La Janda en el 711.

Hablando de Vejer de la Frontera dice Juan Eslava Galán en  «1000 sitios que ver en España, al menos una vez en la vida»: “La Janda es una reseca llanura, antes laguna, donde el rey godo Rodrigo se jugó la corona a una carta, la perdió, y así comenzó la dominación musulmana de España”.




Francisco J. Martínez Guerra en las colaboraciones para este blog se refiere bastante a este rey visigodo. Mezcla ficción y realidad, historia y leyenda de una forma admirable. Como cuando habla de un gallo llamado Sultán, que va a ser sacrificado. 
Tu sino Sultán, tu sino,
Fue el que tuvo Don Rodrigo,
Aquel rey de las Españas
Que prostituyó a La Cava,
La hija de Don Julián,
Y en los llanos de La Janda,
Allí donde te criaron,
Su pecado bien pagó,
Perdió batalla y un reino,
Y hasta la vida perdió



Prosigue en otras entradas Francisco J. Martínez Guerra contando la batalla de La Janda y sus causas. Se sigue mezclando historia y leyenda: “ La conversación con Blas era cosa hecha, siempre agradable y divertida, y más tratándose de historias del lugar de las que Joaquín también tenía cosas que contar; eso sí, mientras no se tratase del tesoro que perdió D. Rodrigo en la batalla de La Janda, secreto que solo para él guardaba. – La nobleza visigoda, descontenta del trato recibido del rey Witiza, a su muerte, no aceptó la propuesta de su poderosa familia que pretendía coronar al hijo del difunto, un niño pequeño, y eligió en Toledo a D. Rodrigo, el gobernador de la Bética, como nuevo monarca .Pasado un tiempo los familiares de Witiza pretendieron destronar a D. Rodrigo con la ayuda de los musulmanes del norte de África para lo que recurrieron a D. Julián, gobernador de Ceuta y padre de Florinda la Cava, la joven prostituida por Rodrigo en Toledo. Dicen las crónicas que, para vengar la afrenta, D. Julián se prestó a la conspiración negociando con Muza la entrada de las tropas árabes en la península. Estas desembarcaron el año 710 por la punta de Tarifa, se hicieron fuertes en Gibraltar e incluso llevaron a cabo, sin éxito, una primera correría hasta Córdoba. El verano del año 711, desde Pamplona donde luchaba contra los vascones rebeldes, D. Rodrigo acudió a las tierras del Sur a fin de expulsar a los musulmanes de la península. A la solicitud del rey los hermanos de Witiza, D. Oppas, el poderoso obispo de Hispalis y Sisberto, que en el acto de la coronación de Toledo habían jurado fidelidad a Rodrigo, acudieron con sus tropas a la guerra».


¿Y qué pasó con Don Rodrigo después la batalla? Unos dicen que murió a manos de Táriq, otros que se ahogó en La Janda, pero nunca se encontró su cuerpo, lo que generó más  leyendas. Hay quien asegura que huyó a la actual Portugal, donde se convirtió en ermitaño, y que yace en Viseo. El final más dramático lo recogen el romancero que cuenta que acabó sus días sepultado vivo con una culebra que le torturaba y le devoró el corazón. «Ya me come, ya me come, por do más pecado había, en derecho al corazón, fuente de mi gran desdicha». Pero lo mejor sobre la leyenda de Don Rodrigo y su tesoro nos lo encontramos en los escritos de Francisco J. Martínez: “Sin duda que se refería a la batalla y a la huida de D. Rodrigo por la senda que habían hecho aquella mañana. El cuervo negro representaba al rey y el lugar de su muerte. Los buitres los traidores, Oppas, Sisberto y Julián, la fuente no le cabía duda era la de Santa María, el caballo muriendo el reino perdido, las monedas y el polvo de oro ¿acaso no significaban el tesoro real del que nunca se supo tras la derrota? Debía de ser muy valioso. Recordó que Muça, “el más honrado cavallero” lo llevó a Miramamolín, “fizo cargar en muchas carretas de las que el Rey D. Rodrigo avía traído con el tesoro e llevólo a Algezira. E tanto fue que diez galeas non lo podían llevar para lo pasar en ultramar”, ¿Y los cofres con las joyas y adornos personales? ¿Y los brazaletes, cadenas, petos, muñequeras y otros ornatos del rey? ¿Y la colección de piedras preciosas y antiguas monedas romanas de oro que guardaba cosidas en una manta doble de cuero almohadillado y que en sus viajes extendía en la grupa de su caballo? ¿Las llevaba el Rey Rodrigo en su huida por la Senda de la Penitencia? ¿Representaría el cuervo el convento de la orden carmelita? ¿Estarían el sepulcro y el tesoro de D. Rodrigo bajo los cimientos del cenobio? Quien sabe, los sueños son siempre extraños, mezcla de cosas reales y absurdas. Era cuestión de buscar sin desesperar en la confianza absoluta de que hallaría restos de la batalla final, el sepulcro de D. Rodrigo y seguramente el tesoro real. Así fue como Schliemann encontró Troya”. 



No es la primera vez que hablamos en este blog de tesoros, ni va  ser la última, sí que adrede me voy a hacer pesado con la sentencia de Eslava Galán sobre los buscadores de tesoros en los monumentos. “Naturalmente, el tesoro no  apareció por parte alguna: era el monasterio mismo, como el lector comprobará si lo visita”.  En el caso del nuestro aunque es BIC, eso parece, no es posible visitarlo, pero créanme, y hay mucha gente que lo puede testificar, es un verdadero tesoro de la naturaleza.
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