Traigo hoy a esta sección una serie de documentos sobre la huelga del verano del 32. Como ya era habitual, la conflictividad laboral alcanzaba su punto álgido por mayo con motivo de la negociación de las bases agrícolas. A principio de mayo una oleada de huelgas se convocaron por el campo gaditano.
El gobernador le da las instrucciones oportunas a los alcaldes, como vemos en este telegrama dirigido al de Medina Sidonia el 31 de Mayo de 1932:”Tan pronto llegue a conocimiento de esa alcaldía de haberse declarado la huelga sin previo aviso que marca la ley proceda a la publicación de bandos declarándola ilegal recomendando al vecindario la más decidida colaboración con la autoridad y a los obreros la inmediata vuelta a sus respectivos trabajos conminándoles con que de no hacerlo así serán considerados como despedidos y se proceda a sustituirlo, cuidando también esa alcaldía de invitar a los comerciante e industriales de no colaborar y prestar apoyo indirecto al movimiento cerrando sus establecimientos dando sensación de timidez y falta de civismo”.
Unos días antes, el 27 de mayo los centros obreros de oficios varios adscritos a la CNT de Medina y Casas Viejas fueron clausurados. Los propietarios recurrieron como siempre a los segadores portugueses y malagueños. El sindicato presentó sus reivindicaciones en un documento concreto con las bases de trabajo. En él se establecen los puntos a consensuar con los propietarios, relativos al trabajo de invierno, de verano, en la ganadería, en la siega y sobre todo piden solución al gran problema de la época; el paro forzoso.
El día 3 de junio de 1932 ocurrieron los incidentes en torno a la ermita de Santa Ana en Medina, donde perdieron la vida los jornaleros Ramón Romero Luna y Sebastián Gardón Quintero, por disparos de la Guardia Civil. La “ruta del descontento”, en expresión de Clara E. Lida, pasaba por Medina. Casas Viejas estaba a siete meses y 16 kilómetros. Tras esto las aguas volvieron a su cauce. En un telegrama de Ángel Butrón, el alcalde de Medina, se observa como los patronos y los campesinos se disponen a negociar las bases de trabajo y se repara la línea telefónica de Casas Viejas. Posteriormente se desconvocó la huelga y en julio el alcalde da órdenes para que se le entregue la llave a los campesinos anarquistas de Casas Viejas. Pero la guardia civil hace caso omiso al alcalde pedáneo Juan Bascuñana y no entrega las llaves hasta que llega un telegrama del gobernador civil.
Pese a estos incidentes el sindicato seguía creciendo hasta convertirse en un sindicato de masas en Casas Viejas, el instrumento de organización y reivindicación de los campesinos. En agosto del 32 había 1220 afiliados en Medina y 425 Casas Viejas. Los datos se recogieron en el Pleno de la Comarcal campesina celebrado en Jerez donde fueron como delegados asidonenses Manuel Llamas y Andrés Candón. En dicho pleno acudió como delegado del sindicato de Casas Viejas Antonio Durán Fernández.
Estos documentos sobre la huelga del 32 nos demuestran como la conflictividad en el campo era tal que los conflictos menudeaban. La intervención del gobernador, de la Guardia Civil, del alcalde, de los propietarios, por un lado y la de los campesinos declarando la huelga, cortando la línea telefónica o atacando el cuartel son precedentes muy claros que demuestran que como dijo en el citado informe Suárez Orellana: “Los sucesos eran cosa descontada que tenían que ocurrir”. Parece que este es el contexto desde el que hay que analizar los sucesos del 33 y que estos documentos demuestran que es falsa la teoría que intenta presentarlos como fruto de un incidente azaroso aislado, o un acto propio de analfabetos o producto de confabulaciones conspiratorias variadas.




