José Olmo

Medina Sidonia ha sido históricamente fuente constante del movimiento contra la injusticia social que ha marginado a la gran mayoría de la sociedad, dividida tradicionalmente en ricos y pobres, algo circunstancial, aunque constante, pese a parecer muy contradictorio, que determina y fortalece las losas que impiden el desarrollo. E igualmente ha sido convenientemente vigilada y sometida ante cualquier asomo de logros para mejorar la situación de la case trabajadora, sumida en la pobreza y la miseria. Ni la codiciosa caridad cristiana quiso aliviar la falta de justicia distributiva.





Como una premonición parece que obró el exilio en nuestra tierra de Abdón Terradas, en Medina, a mediados del siglo XIX.  Su espíritu ha vagado, traído y llevado por el fuerte viento de levante, y aunque aquí nada pudo hacer este revolucionario catalán, su aura permitió conocer que en otras tierras se luchaba por el mejoramiento del individuo, por su libertad, por su instrucción y por dotarle de los medios suficientes para lograr mantener una vida digna dentro de la sociedad, que también era la suya.



Abdón Terradas, nacido en Figueres (Girona) en 1812, desarrolló una enorme actividad como político, periodista, escritor, dramaturgo, revolucionario, republicano, federalista y catalanista. Conoció la cárcel, el exilio y la persecución constante, hasta que en el Bienio Progresista el general Zapatero, factótum del Presidente del Gobierno Espartero, en Cataluña lo exilió a Cádiz en 1855, volvió a Figueres, pero fue detenido y confinado en Medina Sidonia, donde murió en 1856. El Ayuntamiento tuvo que afrontar el enterramiento. No tuvo tiempo de más, por eso es de suponer que su espíritu revolucionario algo tuviera que influir en el ambiente de por sí cargado, de tanto sufrir y padecer. 



Las primeras movilizaciones de campesinos que se conocen arrancan en 1868, promovidas por los bajos jornales y es Diego Rodríguez Vargas el primer nombre que en 1872 inicia la lista de quienes lideran la exigencia de justicia en el trabajo que se realiza en los campos, adhiriéndose a la Federación Regional de España y pocos años después se crea la primera Federación local, comenzando el tira y afloja que prácticamente no terminará hasta 1936, cuando el movimiento obrero, anarquista, socialista y de cualquier otro tenor es aplastado y muchos de sus militantes y no militantes sacrificados sin compasión. 



Para Medina ha supuesto una fortuna contar con la llegada a España del antropólogo yanqui Jerome R Mintz, quien sentó sus reales en la entonces aldea de Casas Viejas, interesado por conocer la  verdad de lo que ocurrió en enero de 1933. Su trabajo nos ha descubierto mucho y bueno de nuestra historia, siempre dormida, como queriendo olvidar lo que de malo, de funesto, guarda en su memoria, tendente de continuo a querer ser olvidada.



Gracias a la aportación de Mintz conocemos a Olmo García, su fortaleza, sus virtudes y quizás sus miserias, como cualquier ser humano. Él puso en marcha el sindicato anarquista de Medina y propició el de Casas Viejas, siendo el alma nuclear de muchas de las huelgas que constantemente entorpecían las faenas del campo, principal riqueza de los terratenientes, explicando a los sufridos trabajadores la situación real que estaban soportando. Olmo murió en 1920, pero el movimiento continúa, unas veces movilizándose en niveles nacionales, regionales y cuando es preciso por su exclusiva cuenta, como ocurrió a principio de los años 30 del siglo XX



La semilla fructificó y trece años después de la muerte de José Olmo ocurrieron los trágicos sucesos que han dado la vuelta al mundo, no por su reivindicación, no por el hastío de quienes se levantaban contra la injusticia plantada como lo justo y necesario, sino por la brutalidad de las fuerzas del orden, mandadas por un demente de tres estrellas, y el poder se conmovió, propiciando el Bienio Negro que quiso dejar las cosas como antes de la llegada de la República, matando la esperanza del pueblo que vivía en la miseria.
Eduardo Ángel Ruiz Butrón. Publicado en Viaje por el problema agrario. La janda 1882-1982.
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