Hoy es 11 de enero. Para mí es un día especial en lo personal y en lo general. Hace 86 años que ocurrió el suceso (así lo llamaban los protagonistas directos, lo que confirma que Fran Sánchez tiene razón cuando defiende que los sucesos deben escribirse en minúscula. Hasta en esto son polémicos estos sucesos o suceso). Aunque este año no hay recreación se han programado algunas actividades para celebrarlo.
En el IES junto con el Ayuntamiento hemos organizado una actividad muy bonita. Ocho grupos de alumnos estarán en el pueblo, realizando tres actividades distintas (ruta, maratón de lectura y visita a la exposición) alternativamente. El reto es difícil y apasionante. Mañana dentro de las actividades que organiza el aula itinerante de la Diputación sobre la Memoria Histórica y Democrática doy una conferencia conjuntamente con Rosa Pérez Gil, la hija de Juan Pérez Silva y la nieta de María La Libertaria sobre el Benalup de Sidonia franquista. Tema difícil y más con lo que está cayendo. Yo me voy a remitir a abordarlo muy somera y brevente, desde una óptica histórica, partiendo de los antecedentes de 1555 y terminando con el programa ideológico que ha presentado en socidad VOX. En tres puntos concretos me voy a centrar. Así abordaré el triunfo del franquismo en Casas Viejas con la Guerra Civil, como repercutió ello en el cambio de organigrama de poder, en la manipulación que se hizo del nombre y el carnaval de este pueblo durante esa etapa, para terminar con el emblemático año de 1965 (se termina de desecar la Laguna de La Janda y llega Mintz al pueblo). Se trata de huir de las valoraciones y centrarse en los hechos, con sus causas y consecuencias. Como yo me voy a centrar más en los casaviejeños que se quedaron, mi compañera Rosa se centrará en los que se fueron, especialmente en los avatares de su familia. Luego pasaremos a un coloquio, que esperemos que sea sereno, profundo y enriquecedor. Después del visionado del vídeo sobre el carnaval, titulado Los que murieron cantando participaremos en la visita guiada por La Alameda.
La simbología dominante en La Alameda no ha sido ni neutral, ni casual, sino que responde a unos mecanismos concretos controlados por el poder. Cuando Blas Infante visitó Casas Viejas después de los sucesos (o el suceso) denunció la barbaridad que le parecía el hecho de que los propietarios construyeran una obra faraónica como la iglesia, cuando las chozas y los casarones eran la vivienda habitual de la mayoría de la población denotando la miseria reinante. Hace unos años el CDR del Parque de los Alcornocales instaló en La Alameda dos paneles explicativos. En ellos no se mencionaban los sucesos pero rompían un monopolio en una plaza que aunque popularmente se conoce como La Alameda, en un azulejo en el ángulo occidental reza como de Nuestra Señora del Socorro.
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| Foto Jerome Mintz |
Hoy, con todo lo que se está atacando a lo que significa la recuperación de la historia social de los pueblos (la noticia en la radio esta mañana es la polémica por la posible derogación de la ley de la memoria histórica), se inaugura oficialmente la señalización turística de los lugares por los sucesos. Además de las señales y las huellas se han colocado cuatro paneles (uno de ellos en la acera) y un atril en la calle Rafael Bernal (el médico que coordinó los trabajos de la construcción de la iglesia). En este juego de tronos y de símbolos que significa el dominio del espacio público central de este pueblo el evento de mañana tiene una simbología especial, además puede contribuir a fomentar la conciencia ciudadana hacia su correcta conservación. No hay mejor protección para un recurso que su difusión y su conocimiento, es sabido que despreciamos lo que desconocemos. Esta significación me parece más importante, bajo mi punto de vista, que la supuesta puesta en valor turístico, que se me antoja como un efecto secundario de lo primero.
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| Foto Jerome Mintz. En el primer plano ángulo donde hoy está la escalera del «culo» fruto de otra lucha por el poder de este espacio público |
Terminaremos la jornada de mañana degustando una perolá y un potaje de tagarninas en el pub-restaurante Tato, junto con los amigos que nos quieran acompañar. Ni la comida, ni el lugar, ni las amistades que vengan habrán sido producto del azar, ni la casualidad.
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| Observese el fondo. Ha habido un momento que hemos estado hasta ocho grupos con una media de 25 personas en La Alameda. Ha sido un momento importante |






