Hoy traigo a la sección de la historia de B-CV en sus documentos un recorte de periódico y una foto. El recorte es del ABC de 21 de febrero de 1933 y la fotografía es del mismo periódico del fotoperiodista Serrano. El recorte y la foto entran dentro de un reportaje más amplio que cubre la visita de la comisión parlamentaria extraoficial a Casas Viejas.





En un principio la prensa difundió las teorías sobre los sucesos que el gobierno facilitaba. La culpa había sido de la ignorancia y el anarquismo. Seisdedos había dirigido una revolución que al fracasar, este se parapetó en su casa con todos los revolucionarios. Los muertos era fruto de un enfrentamiento entre revolucionarios y fuerzas de orden público. Estas últimas solo respondieron a la agresión. Así, presentaron lo ocurrido como un hecho sin importancia propio de la lucha contra “la sinrazón del comunismo libertario”. 



Pero las noticias llegaban puntuales y eran cada vez más negativas para las posiciones del gobierno de Azaña. La oposición al gobierno central vio los sucesos como un instrumento ideal a utilizar para desgastar y desbancar al gobierno republicano-socialista. Al mismo tiempo, el desencanto de los sectores progresistas de la sociedad hacia la coalición gubernamental iba en aumento.  El 2 de febrero de 1933 hubo sesión parlamentaria monográfica sobre Casas Viejas en el Congreso. El diputado radical socialista Eduardo Ortega y Gasset exigió a Azaña en una brillante interpelación una explicación razonable de lo sucedido. Respondió Azaña con una de sus actuaciones parlamentarias más desafortunadas: “En Casas Viejas no ha ocurrido nada, que sepamos, excepto lo que tenía que ocurrir». Su nudo argumental no variaba de la versión oficial del gobierno. La actuación de las fuerzas de orden público había sido correcta ante la insurrección anarquista y necesaria para evitar su propagación. Pero lejos de que menguase la polémica política, estas declaraciones avivaron el fuego durante dos meses, en los que llegó a haber dos comisiones parlamentarias: una oficial y otra oficiosa.



La propuesta de creación de una  comisión parlamentaria que investigara los sucesos fue derrotada por 123 contra 81 votos el 8 de febrero. Así las cosas, se forma una comisión no oficial que llega a la aldea el 19 de febrero acompañada de periodistas locales y nacionales (CNT, La Nación, La Tierra, ABC). El comité extraparlamentario estaba compuesto por los diputados señores Rodríguez Piñero, Fanjul, Algora, Soriano, Múñoz Martínez y Cordero Bel; periodistas y el letrado Don Pelegrín de Benito. Les preguntaron al médico, al cura, a los propietarios, pero también a las madres y las mujeres de los campesinos muertos. La comisión llegó a las cuatro y media y estuvo en Casas Viejas poco tiempo ya que a las ocho y media regresaron a Cádiz.



El Diputado del partido agrario, conservador, Fanjul, aparece en la fotografía en medio de los aldeanos casaviejeños. Se encuentra en la calle San Elías, debajo de la Alameda y se observa como la casa de los Espina está a medio construir porque el ayuntamiento de Medina había paralizado las obras. Fanjul se distingue por su porte y ropa claramente. Las diversas prendas de cubrir la cabeza marcan las diferencias sociales, desde los humildes pañuelos de las mujeres, hasta las mascotas, pasando por la boinas o gorras. Algo parecido podríamos decir de la ropa. La foto constituye un hermoso documento histórico de las gentes de Casas Viejas en 1933.



La crónica refleja que ya los campesinos no son los culpables, sino que los sucesos hay que entenderlos dentro del contexto socioeconómico del pueblo.
 EL PROBLEMA SOCIAL DEL ALDEANO
En la plaza, rodeado de un numeroso grupo de obreros, vemos al general Fanjul. Los campesinos informan al diputado agrario, que se interesa por el problema del campo de Benalup.
La tesis que defiende el periodista la va a desarrollar a través  de las declaraciones de una casaviejeña. 
Una mujer nos dice:
Mire usted, aquí, como habrán podido ver, está toda la tierra sin cultivar, y todo ese campo es de tres del pueblo, que prefieren tener ganado, pagando sólo el jornal del pastor, que cultivar la tierra. Así lo que hay aquí es jambre, mucha jambre, y vivimos de lo que se caza.



El problema es la injusta estructura propiedad de la tierra, donde un latifundismo clásico basado en la ganadería impide la modernización económica. Un atraso económico que conlleva otro cultural, como indica la utilización del término “jambre”.  Y ello es una cuestión objetiva, no política, para ello le pregunta a su entrevistada por la iglesia, la cual se deshace en elogios y dice que no ha sido todavía inaugurada porque ante el intento de unos militantes del partido comunista de Cádiz de quemarla, los socialistas de Casas Viejas se negaron a ello y dijeron que la utilizarían de almacén. El líder de los socialistas era José Suárez, el autor de esas declaraciones y conocido anticlerical. La Iglesia se inauguraría tres meses más tarde el 22 de junio.
Por ver si mi interpelada es de las libertarias, le pregunto:
¿Y la iglesia no se ha inaugurado?
¡Calle uste, hombre; ¿verdad que es muy bonita? No se ha abierto toavía por culpa de cuatro locos, que querían de ella un almacén.



Y termina la entrevista insistiendo en las causas del problema de fondo. La inexistencia de un tejido económico adecuado que garantice la supervivencia de la población. Una población que se mantiene de la caridad del Ayuntamiento y de la caza. Una caza furtiva que se puede realizar porque la Guardia Civil lo permite. Es decir, las fuerzas del orden del pueblo tampoco son consideradas como las culpables de la situación
¿Y en el campo no trabajáis nunca?
Mire, señor, Cuando el marío de una trabaja en el campo, una peoná de cuatro pesetas, se dice en el pueblo que le ha tocado la Lotería. Nadie sale al campo. El Ayuntamiento socorre todos los días a los hombres; a los casados les da seis reales y a los solteros una peseta.
¿Y tenéis facilidades para poder cazar?
Cazamos porque la Guardia civil baja la mano- dice un hombre que escucha nuestra conversación.



En definitiva, el recorte refleja un estado de opinión distinto sobre los sucesos que en enero. Los campesinos no tienen la culpa de lo ocurrido, tampoco la iglesia o las fuerzas del orden. Parece claro que ante una situación socioeconómica tan desfavorable el gobierno ha sido demasiado duro en la represión. Los sucesos de Casas Viejas están tomando una dimensión que sobrepasa al pueblo. Esto sólo fue el principio.
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