No he estado nunca en Valls pero mi familia catalana sí y me han hablado muchas veces de los castillos humanos y de las calzotadas o algo así. Así que cuando leí la referencia que hace Juan Eslava Galán a ellos en «1000 sitios que ver en España al menos una vez en la vida» pensé que quería traerlo al blog. Además lo acompaño de otro comentario que hace sobre ellos mi compañera, y sin embargo amiga, Gemma Durán. 

Eslava Galán dice:»

CALCOTS  Y CASTELLS DE VALLS
La localidad de Valls está junto a la N-240, a veinte kilómetros de Tarragona, a 17 de Montblanc y a 88 de Barcelona. Justificadísimamente pasaremos por alto su interesante núcleo histórico para concentrar nuestra atención en una manifestación folclórica y un una fiesta gastronómica.
Los castillos (castells) son torres humanas con varios pisos formados por corros de personas uniformadas de camisa roja, pantalón blanco y faja negra, que se mantienen en equilibrio sobre los hombros de los precedentes. La torre se corona por un niño, el enxaneta o veleta. Esta demostración de fuerza, habilidad y equilibrio es probablemente la pervivencia de un ancestral rito agrario. Antiguamente sólo participan los hombres, pero tan injusta discriminación  ha cesado cuando la mujer consiguió ser admitida como miembro de pleno derecho de los castells, un notable avance en su lucha por los derechos de la mujer. 



La esencia del castell es el equilibrio de fuerzas y pesos. Ello justifica que abajo se sitúen los especímenes más pesados y fuertes del lugar y arriba los más livianos. Esta disposición la determina un perito en castells, el jefe del grupo (cap de colla). En torno al castell se agrupa el resto del grupo o cofrafía (colla) sujentando como arbotantes la base de la torre y protegiendo del batacazo a los de las hileras más altas si la torre se desploma….


Valls es la patria de los calcots, unas cebolletas tiernas que se preparan a la plancha sobre tejas (de las del tejado, sí) y se mojan en salsa romesco. No es un manjar que soporte exquisitos modales en una mesa aparejada con mantel de hilo, no. Comido en un restaurante pierde buena parte de su gracia. Lo bueno de la calcotada es que el comensal coma como un cromañón hambreado: se agarra el calcot con una mano, con la otra se despoja de las capas superiores si quedaron carbonizadas al contacto con el vivo fuego, se moja en una escudilla de salsa romesco, se mira al cielo y se introduce en la boca de arriba abajo, como el tragasables circense hace con la espada. Naturalmente es fácil que la salsa romesco choree, por eso las calcotadas suelen celebrarse al aire libre y los oficiantes visten grandes baberos que después llevan a casa como recuerdo. Tras la calcotada, que es puro entremés, exquisito pero poco saciante, suele venir una parrilada de cordero y butifarras variadas con acompañamiento de judías y alcachofas, alimentos todos de colestrol y agarre. Para bajar el pringue se recurre al cava. Lo suyo es rematar con postre de crema catalana y naranjas. La fiesta de la calcotada se celebra en Valls el último domingo del mes de enero, pero el que prefiera tranquilidad y sosiego es mejor que vaya otro día.
Por su parte mi amiga Gemma Durán, que aquí es la catalana y en Viladamat será la andaluza me escribe sobre estas dos manifestaciones culturales: «Los calçots de Valls han sido excelentemente descritos por el autor, solamente incidir en que para la juventud ir a comer calçots al huerto tiene un significado lúdico como irse al campo. Hacer la brasa poner las tejas, la parrilla , los calçots, la carne, charlar ,beber bien y en un momento dado fumar algún que otro porrillo en medio de la naturaleza.


En estas reuniones puedes ser abstemio y no fumador que no pasa nada te siguen invitando, en medio de risas, chistes y anécdotas.
Valls también es conocida por sus collas de castellers conocidos por construir torres humanas. Cerca de Valls se sitúan: Tarragona que fue capital de las ciudades de la Hispania romana, y visita aconsejada de sus ruinas y Vilanova i la Geltrú conocida por su Carnaval y en concreto por su guerra de caramelos».


Me cuentan mis primos que viven en Cataluña, que ellos van todos los años a Valls a la calzotada. Organizan una visita cultural, a un monasterio o un monumento cercano y luego comen y beben. Van en autobús. No es un día concreto sino que es una fiesta de temporada otoño inverno, algo parecido al ajo de Jerez. 




Tengo una relación especial con Cataluña. Allí aprendí a hablar y andar, así me va. Luego he ido muchísimas veces. Sigo yendo. Este verano he vuelto a estar en la Cerdanya y cada vez me gusta más. Dice Eslava que la base de los castells es el equilibrio. Yo creo que también lo es de la vida. Y este se ha perdido en las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Creo que todo el mundo lo está pasando mal. Yo mucho. Hay cosas que no me gustan de los catalanes, pero hay otras que admiro. De Tabarnia (la parte más urbana)  me encanta la ciudad de Barcelona, una de las urbes más abiertas y cosmopolitas del mundo. De Tractoria (la parte más rural) el amor y la defensa que hacen de su memoria, de su historia, de sus tradiciones, de su folklore, de su costumbres…. de su patrimonio. Tanto, que la verdad, que siento envidia. Me gustaría que los andaluces también fuéramos así. Estoy convencido, que aunque los tópicos y las generalizaciones son muy peligrosas, a nivel general no protegemos lo nuestro como lo hacen ellos. Mañana se  celebra el día de Andalucía el mediocre nivel de los actos previsibles lo dice todo. En Cataluña es distinto. La calzotada y los castells son sólo un ejemplo.

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