Sé que dos amigos Luisa Fernanda y Manolo Cepero tienen costumbre de ir todos los años al Corpus de Zahara de la Sierra. Cuando leí la referencia en “1000 sitios que ver en España al menos una vez en la vida” pensé en ellos. Obviamente el post lo monto con lo escrito por Juan Eslava Galán y lo que me manda Luisa Fernanda. Creo que ha quedado bonito. Y lo hago coincidir con el Corpus de este año.
Dice el jienense: “El Corpus oloroso de Zahara de la Sierra
Imaginen un barco de piedra que se hunde en el montuoso paisaje verdegrís y en el plano inclinado de su borda un caserío blanco, limpio, luminoso, tendido al sol, como si una bandada de palomas se hubiera posado sobre la recia geología para amansarla. Arriba, en la parte más alta, los restos del castillo nazarí con su torre del homenaje (siglos XIII al XV) y vestigios intermitentes de la carcomida muralla que rodeaba el pueblo con su fuerte antemuro. Más abajo, contrapesando el castillo, lo que queda de la iglesia mayor con su rara torre hexagonal (siglos XV al XVII). Más abajo, la iglesia de Santa María de la Mesa, barroco tardío (siglo XVIII), con su notable portada de mármol rosa. Cercana, la torre del Reloj (siglo XVI) adosada a la antigua ermita de San Juan de Letrán, hoy desafortunadamente rehecha.
Zahara de la Sierra no decepciona nunca, pero está especialmente bella cuando celebra su espectacular Corpus Christi (desde el siglo XV, con adornos de flores y ramas de plantas olorosas). A las siete de la mañana, puntuales como británicos y disciplinados como alemanes, los vecinos se echan a las calles y las adornan con flores, plantas y serrín teñido hasta ponerlas como un vergel oloroso. Mientras tanto, otras brigadas levantan altares callejeros de trecho en trecho. El visitante, que ha pasado la mañana deambulando de un lado a otro para recrear la vista y el olfato, llega a mediodía con apetito y dispuesto a saborear la cocina serrana: cocido, guisado de carne y postre de dulces de sartén, los gañotes de almendra y canela».
Por su parte Luisa Fernanda Sánchez Pérez-Blanco escribe sobre el Corpus de Zahara lo siguiente: «La primera vez que asistimos al Corpus de Zahara de la Sierra, hace un montón de años, no sabíamos bien lo que nos encontraríamos, entonces no existían las redes sociales para informarnos, pero yo había leído algo de esta fiesta y quería conocerla. Aparcamos muy temprano a las afueras del pueblo y comenzamos a subir por sus calles empinadas con la torre del castillo siempre vigilando nuestros pasos, de pronto, llegas a una portada de madera que marca el comienzo de las calles que forman parte del recorrido, a mí me impresionó muchísimo ver esas callejuelas totalmente cubiertas de ramas de castañuelas, adelfas, eucaliptos, tanto las paredes como el suelo.
Ir al Corpus de Zahara es experimentar una sobre estimulación de los sentidos: la callejuelas a modo de túneles verdes por las que te pierdes, su olor, el sonido al pasear y el de las campanas cuando comienza la procesión… Para mí fue una experiencia preciosa, distinta a todo lo que había visto hasta entonces, me gustó mucho también ver como todos los vecinos colaboran desde la madrugada para engalanar de ese modo su pueblo y los días anteriores para recolectar todas las ramas que utilizan.
Después de esa primera vez, acudimos muchas más, casi siempre acompañados de familiares o amigos para que también conocieran esta preciosa fiesta, nos gusta llegar muy temprano, cuando aún no han llegado la gran cantidad de visitantes que cada año acuden y disfrutar con sus vecinos de los momentos previos, cuando están terminando de colocar las ramas y los bonitos altares que montan muchas personas en las entradas de sus casas».





