En la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional, uno de los elementos que más aparece son los incendios de chozas. En el mundo rural hubo chozas desde el siglo XIX, pero en Casas Viejas, debido al problema agrario, no solo se concentraron en el campo, sino también en el casco antiguo, concretamente hasta los años setenta, cuando desaparecen con la desecación de la laguna de La Janda y la llegada de la modernidad. Los incendios en las chozas eran muy habituales y respondían a las malas condiciones de la vivienda de los jornaleros. 

A continuación, presentaré algunos de los muchos recortes que aparecen en prensa. 

En el Correo Militar (27-8-1889) se dice que ardieron once chozas:
 
Casas Viejas.- Por el cabo segundo Andrés Cobos Lobos y los guardias Antonio Martín Morales, Antonio Díaz Martín, Sebastián Soto Ruiz, Constantino Suárez Meilán y las autoridades locales, ha sido apagado después de muchos y penosos trabajos el incendio que el día 9 del presente mes se declaró en las dehesas Mesas Bajas y Espartinas, y salvadas de una muerte segura dos mujeres con siete criaturas que se hallaban en una choza de las 11 que fueron pasto de las llamas.
 
En la Correspondencia de Cádiz (16-8-1905) se menciona el material del que estaban hechas:

Por la guardia civil de Casas Viejas se da cuenta de un incendio habido en una choza denominada «Castañuela» en la que habitaba Francisco Silva Lara, salvándose de las llamas todo el mobiliario, ropas y demás enseres que en la misma existían, quedando la referida choza completamente destruida. El fuego fue casual.
 
 
 
La quema de la choza implica su destrucción y también la pérdida del mobiliario interior. Esto se puede ver en la noticia del Sol (20-9-1922): «En la aldea de Casas Viejas se incendió una choza. Se quemaron muchos enseres, valorados en 500 pesetas». Pero, además, también eran muy frecuentes las pérdidas de vida humanas. En el Noticiero de Cádiz (4-7-1923) se dice:

En las proximidades de la aldea de Casas Viejas un incendio destruyó tres chozas; en una de ellas pereció un pobre hombre llamado Ramón Servant, de 60 años de edad, natural de Vejer, dueño de un ventorrillo y de la choza destruida. Se ignoran las causas del siniestro y para esclarecerlas hace diligencias la Guardia Civil.
 
 
 

 

La mayoría de estos incendios de chozas, que aparecen a finales del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX, se localizan en el tramo urbano que se extiende por la calle Nueva, la parte septentrional de la calle Medina y la calle Benalup; es decir, la zona que hace de ensanche urbano y acoge a todos los jornaleros que, bien proceden de Medina, bien son sopacas de la serranía de Ronda y que establecen su choza en Casas Viejas. En La Vanguardia (16-5-1931), de Barcelona, se decía:
 
A la una de la tarde, en la casa número 40 de la calle de Medina, del pueblo de Benalup, se incendiaron varias viviendas que fueron destruidas por las llamas, quedando numerosas familias pobres sin albergue. Las pérdidas ascienden a unas 15.000 pesetas. Se ha organizado una suscripción en favor de los damnificados.
 
El número 40 de la calle Medina corresponde al entramado de chozas que había entre esta calle y la calle Nueva, donde las familias Cruz, Lago y Montiano, entre otras, establecieron su choza. Dos años después, enero de 1933, ardieron dos caserones en esa misma zona, pero esta vez de forma intencionada.
 
  
Foto de Juan Cabré (1914). Casarón del Tajo de las Figuras.
 
Estos fuegos eran muy frecuentes porque de los fogarines en los que se guisaba saltaban chispas y la choza ardía con facilidad. Al estar tan juntas unas de otras, el fuego se propagaba rápidamente. En la memoria colectiva de la gente del pueblo, los incendios se recuerdan como algo cotidiano hasta hace cincuenta años. Muchas veces sonaban las campanas de la iglesia solicitando ayuda para sofocar el fuego. La colaboración ciudadana era rápida. Una vez allí, se organizaban las labores de extinción, que consistían básicamente en formar una cadena humana desde la fuente más cercana a las chozas siniestradas. Todavía los mayores hablan de la fuente de Baltasar en el Tajo y del coche del cura Jesús Barberá, megáfono en mano anunciando fuego.

 
Chozas en el Tajo. Foto Gérard Brey (1965).
El incendio de las chozas era casual, no provocado como pasaba con el incendio de los campos, de lo cual tratará próxima entrada.
 
 
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