En el contexto de los nuevos tiempos liberales, las ideas ilustradas de modernizar España a base de poblar lugares deshabitados fomentando la agricultura y la pequeña y mediana propiedad se llevan a la práctica por primera vez en Cádiz. La Diputación gaditana, en junio de 1821, piensa y promueve la creación de un nuevo pueblo en el lugar llamado Casas Viejas y para ello proyecta el reparto en suertes de una gran extensión de tierras baldías al levante del término de Medina Sidonia.

Este proyecto consistía en el reparto de siete dehesas próximas a Casas Viejas que eran tierras aptas para la agricultura y que formaban parte de los bienes de propios. Así la Dehesa de las Yeguas, de Benalup, Mesa Baja, Rehuelga, Picazo, Turrujal y Palmita, incluyendo las huertas y molinos que había en la dehesa de las huertas y dehesa de Benalup. Como escribe Antonio Morillo: “El plan de acción de la Diputación gaditana se resume en varios puntos: Que se proceda inmediatamente a llevarlo a cabo y para ello se comisiona al diputado Sr. Montes de Oca para gestionarlo «a la mayor brevedad posible, según lo espera la Diputación de su celo y amor a la causa pública». Que el Ayuntamiento de Medina nombre a dos comisionados y previendo la oposición asidonense que «actúe con la más eficaz cooperación, demostrando su celo constitucional y estar destituido de los errores de algunos pueblos, que pretenden sostener la despoblación para gozar de grandes términos…». Todo el mundo era consciente de la novedad del proyecto y de la oposición que iba a despertar entre las filas monárquicas y sobre todo la oligarquía ganadera asidonense. 



Hay una crónica del 18 de julio de 1821 sobre el proyecto de formación del pueblo. Aparece en Miscelánea de Comercio, Política y Literatura.1819-1921. Su director fue don Francisco Javier de Burgos. Éste fue un periodista y político, afrancesado, y partidario del Nuevo Régimen que luchó contra el Antiguo Régimen. Como político su obra más importante fue el decreto sobre la división provincial, base de las actuales provincias y documento importantísimo para instaurar el centralismo y racionalismo propio de este Nuevo Régimen. En esta crónica sobre el proyecto de creación de Casas Viejas queda patente la influencia de los principios de la Ilustración y su opción por la agricultura, frente a la ganadería extensiva propia del Antiguo Régimen. “Hemos visto con indecible satisfacción el proyecto presentado por la diputación provincial de Cádiz para formar una nueva población en un territorio de 8663 fanegas de tierra muy pingüe, situadas en el sitio llamado de Casas Viejas en término de Medinasidonia, y pertenecientes a los propios de esta ciudad. Nada más patriótico que este designio, nada más sólido que las razones en que se apoya, nada más acertado que las reglas que se fijan en el proyecto, nada en fin más honorífico para la diputación provincial de Cádiz, que tiene la gloria de haber sido la primera del reino a concebir la idea de tamaño beneficio, que convertirá en un vergel ameno el yermo espantoso que separa a Medina de Gibraltar”. 



No va a ser la primera ni la última vez que en esta zona se van a intentar llevar a cabo proyectos relacionados con el problema agrario. Se repetirán luego en la Segunda República, por varias vías o en el franquismo, por la reforma técnica. Seguimos con el informe de Francisco Javier de Burgos: “Las 8663 fanegas de tierra se dividirán en estos términos; 20 para la planta del pueblo; 6000 para repartirlas en 150 suertes de a 40 fanegas, a 150 vecinos de Medina que no tengan propiedad, prefiriendo a los casados con mayor número de hijos, a falta de estos a los de familia más numerosa, y a los antiguos moradores de aquel campo en igualdad de circunstancias; 18 suertes de a 50 fanegas para repartirlas a catalanes, valencianos o murcianos, inteligentes en el cultivo del lino, cáñamo y seda; 140 fanegas para el cura: 100 para el médico; 40 para el boticario; 100 para el maestro de primeras letras, y 1363 para construir en ellas edificios públicos. Cuando se considera que el terreno es llano, situado en una de las más deliciosas latitudes de la tierra, que permitirá reunir el cáñamo de las regiones árticas con el algodón de las equinocciales; cuando se sabe que es abundante de buenas aguas, dividido casi a la mitad por un torno del río Barbate, que puede navegarse por embarcaciones de transporte, hasta el puente de Veger distante dos leguas y media; cuando en fin se reflexiona sobre su situación entre dos emporios del comercio (Cádiz y Gibraltar) no se puede menos de lamentar que el consejo de Castilla rehusase en otro tiempo autorizar el desmonte que solicitó la sociedad económica, y condenase así a la esterilidad y al abandono campiñas magníficas, donde en breve el tostado labrador beberá sin gran trabajo en la copa de la abundancia, y donde el viagero ilustrado, respirando a la sombra de los plátanos y de las moreras, el ambiente perfumado con el azahar, recordara que en aquellos campo fue donde la docta antigüedad situó las mansiones eliseas, premio a las almas virtuosas”.



La Diputación envía el proyecto a Madrid y Las Cortes lo aprueban Y tres meses después, 26 de agosto, se recibe la Real Orden aprobatoria, para ponerlo en acción. La contestación de la Diputación a esto no se hizo esperar: “Proporcionar a la provincia las ventajas que ofrece la feracidad de su terreno, aumentando la población y con ella las manos cultivadoras”. Como dice Antonio Luis Rodríguez Cabañas: ”Con ello evitaba el despoblamiento, que según aquella era deseado por muchos ayuntamientos para conservar sus excesivos términos…El sitio elegido para el establecimiento de la población, las 20 fanegas, fue señalado en el lugar conocido como la Loma de la Grulla”. En la antigua Dehesa de las huertas, donde ya había una considerable población, aunque el poblamiento fuera disperso. Como todo el mundo intuía la oposición de Medina iba a ser potente y fuerte. Eso lo veremos en el siguiente capítulo de esta serie.
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