No suelo comentar nada de mi vida personal en las redes sociales pero este post, desde luego, me toca demasiado de cerca, jejeje… así que nada, primero enhorabuena, amiga mía y pequeña familia mía por tu texto. Me ha emocionado, una vez más. Y me ha encantado recordar todos estos momentos. Nuestros primeros momentos aquí. En esta tierra andaluza y en particular en Benalup Casas Viejas y que gusto haber podido vivir esto a tu lado y seguir,  viviendolo 20 años después. Un verdadero regalo de la vida.


Bueno, entonces ahora que están abiertas las puertas de nuestra vivencia como «guiri» ,(jejeje), me voy a lanzar y contar la mía también con el pueblo. Quizás le interese también a Salus y  al conjunto de nuestros amigos que siguen su blog. 

Sin duda alguna, coincido contigo en que lo que más me sedujo a mí también del pueblo ha sido el ritmo de vida, el calor humano y la alegría de la gente. Allí aprendí el significado del abrazo. ¡Qué palabra más bella! Ya sabéis que nosotros los del Norte, no somos tan lanzados a la hora de dar abrazos y besos. Sin hacer generalidades porque también ya sabemos que al igual que te puedes encontrar un andaluz alto, rubio con ojos azules y muy distante, también te puedes encontrar a un francés del Périgord de lo mas cariñoso posible. Esto es así pero es verdad que digamos que no es en nuestra cultura, no es algo aprendido desde nuestra infancia. Al principio, mantenemos la distancia, incluso tratamos de usted y vamos siempre como con un poco de cuidado o miedo hasta que cogemos confianza…


Decía entonces que allí, en Benalup Casas Viejas, aprendí el significado del abrazo. Cada vez que llegaba al pueblo, después de 10 abrazos seguidos, me acuerdo que mi corazón se hacía más grande y mis miedos de joven adulta desaparecían poco a poco. Tanto calor humano me hacía sentir bien, arropada, como en casa. El contacto humano era tan fácil y tan cercano, cuando en está época, en nuestra facultad en Burdeos, era todo tan distinto. Me acuerdo que no podía evitar comparar la frialdad del campus universitario con el calor humano que recibía en Benalup, la vida social tan desarrollada y la alegría de la gente. 

También, es cierto que tanta vida social llegaba a veces a saturarme y después de 20 años aquí, sigue siendo así. Yo sé ahora que a la vez que necesito rodearme de la gente que quiero, salir y ver a gente, necesito también mis momentos de calma casero, cómo lo he podido vivir de chica. Está paz que siempre me ha procurado la casa de mis padres los fines de semana. Estos domingos lluviosos descansando, leyendo o jugando a juegos de mesas tranquilamente, es otra parte de mí que necesitaré siempre. Y es gracias a estos momentos de descanso que también puedo volver a disfrutar mejor de la vida callejera de aquí.

Hay otra cosa que también me fascinaba del pueblo era el sentir que todo el mundo era parte de él y estábamos en el mismo nivel humano. Todos. Desde el carnicero del pueblo hasta el sordo o el arquitecto. Todo el mundo se mezclaba y todo el mundo se interesaba por la vida del otro, sea quien sea. 

Hija de padres educadores, que siempre nos enseñaron a mis hermanos y a mí a ser tolerante con los demas, a no juzgar sobre la apariencia, la profesión, etc. Y a aprender de todos.  Esto me fascinaba. Y me encantaba poder charlar y aprender de uno y del otro. 

Creo que otra palabra clave que define a Benalup Casas Viejas  es la integración, al menos en está época.  Todo el mundo, él que sea, viniendo de dónde sea, se sentía integrado desde el primer momento. Al menos así lo viví yo y seguro que muchos de los de fuera que decidieron quedarse a vivir un tiempo de su vida en Benalup, estarán de acuerdo conmigo. 

Y esto no tiene precio cuando uno tiene la familia lejos y apenas domina el idioma. También me acuerdo que me ayudaba mucho cuando me costaba expresarme en español y alguien me daba una palmada o mirada tranquilizadora. Desde luego, el mejor sitio para aprender español. 

Y por último, que ya me estoy extiendandome mucho, el ambiente multicultural que había entonces. Tengo recuerdos de comidas con belgas, alemanes, italianos, cubanos, mejicanos, escoseses, una japonesa, etc. Unas comidas pantagruelicas y muy enrequecidoras. Una pequeña parte del mundo estaba reunida en Benalup y tampoco creo que era una casualidad.

Yo viví en Benalup hasta mis 28 años más o menos. Ahora tengo 40 pero sigo yendo y viniendo todas las veces que pueda , al igual que lo hago con mi pueblo y me gusta que mis hijas tengan este contacto con el pueblo y la familia de allí. Ellas no estarían allí si el pueblo no me hubiese acogido como me acogió en aquel momento. Esto lo tengo claro. 

Con los años, aprendí a disfrutar de la isla y de la Bahía de Cádiz dónde  vivo ahora pero, para mí, aunque sé que el pueblo ha cambiado mucho desde entonces, Benalup sigue siendo Benalup y de momento, sigue siendo MI pueblo andaluz. 

De hecho, es muy curioso porque aunque ya no vivo allí, sigo sitiendome parte de él, al igual que me puedo sentir de mi pueblo francés.  

Quiero terminar dando las gracias, de corazón, a todos los benalupenses y no benalupenses por habernos acogido con tanto cariño y haberme hecho sentir como una más en Benalup entonces. Los agradecimientos son importantes y me siento agradecida de verdad.

Seguid cultivando todos estos valores de bondad, acogimiento y generosidad, y aún más en está época que vivimos cada día más virtual y cada día más reticente hacia todo lo que viene de fuera, y -lo más importante- seguid enseñándolo a vuestros hijos, que ellos lo vivan en primera persona y lo valoren porque no tiene precio. 

Yo, intento hacerlo con mis hijas cada día. Y quiero confiar en que, recordándolos todos juntos, a través de blogs como el de Salustiano o muchos otros, seguiran ocupando toda su importancia en el escenario de la vida. De nuestras vidas. 
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