Siempre digo que no sabemos la enorme fortuna que tenemos de vivir tan cerca de una joya de la naturaleza como es el parque de los Alcornocales. Las generaciones anteriores vivieron de él, buscaron hongos, caracoles, espárragos, quesitos o conejos. Lo hicieron de forma sostenible, era un bosque humanizado. Ahora está bunkerizado y se está muriendo. Ojalá no empecemos a poner remedio demasiado tarde. Reproduzco primero los escritos de Eslava Galán sobre parques naturales en España:


PARQUE NATURAL DE LA DEHESA DEL MONCAYO
El Parque Natural de la Dëhesa del Moncayo es célebre por su rica diversidad vegetal y animal, una naturaleza ordenada por diferentes pisos bioclimáticos con plantas y fauna correspondiente a cada altura. El parque es grande, denso y variado, muy fecundo en manantiales y arroyos que bajan atropellados y fríos de las nieves de las cumbres. 
En el Centro de Interpretación del Moncayo, situado en el pueblo de Calcena, informan al visitante sobre las diferentes rutas y actividades que puede realizar en este bosque excepcional.
El lector postmoderno y urbanita puede obrar como le guste, pero yo en su lugar dejaría de gastarme las perras en sapas de aparatología estético-médica, aromaterapia, musicoterapia, cromoterapia y tontoterapia, cabina Katharsys, bañera Tahlía y camilla de masaje Ayurveda equipada con los dos sistemas shirodara y abyanga y oligoelementos de algas microestalladas y lo cambiaria todo por un buen paseo en la Dehesa del Moncayo o cualquiera de los parques naturales aquí mencionados, aunque ello entrañe la molestia de sudar sin sauna y de pisar de vez en cuando inadvertidas minas biológicas (o sea, las platas de los ciervos y no digamos las 
De las vacas, anchas y esponjosas como un pan gallego, que te llegan al tobillo). Es mucho más sano y más barato.


EL CAÑÓN DEL TERA Y LOS PAISAJES GLACIARES
En las cercanías del pueblo de Sanabria un glaciar cuaternario labró un impresionante cañón, el más largo del Sistema Central, por el que hoy se desliza el río Tera encajado entre grandes farallones de pulimentada cuarcita…. Es un lugar casi onírico en el que se suceden y encadenan cascadas y diminutos lagos de claras aguas formando un rosario de gran belleza. El valle de la cueva de San Martín está en un ensanchamiento de la garganta y recuerda, por su constitución, aquella vieja película basada en la novela El mundo perdido de Arthur Conan Doyle, solo que desprovisto de animales prehistóricos. Oigamos el testimonio de un testigo: “Describir en una línea la hermosura de este lugar, su valor geológico, paisajístico y natural, es una tarea un tanto difícil. No es menos arriesgado recoger en las distintas imágenes fotográficas la exuberante riqueza ecológica que guardan estos apacibles rincones. Por ello, lo mejor es recorrerlos a pie, si es posible, durante las cuatro estaciones del año y disfrutar, en la más absoluta soledad, del misterioso encanto de estos recónditos parajes, saturados del embriagador aroma de las flores y los numerosos arbustos que crecen por doquier.


Parque Natural de Grazalema 
El Parque Natural de la Sierra de Grazalema está situado entre las provincias de Cádiz y Málaga. Declarado Reserva de la Biosfera, disfruta de un clima especial con inviernos fríos y lluviosos y veranos templados.
…Entre la sierra de Grazalema y la Punta de Tarifa encontramos alcornocales y quejigales tapizados de brezo, jara, brecina y madroño, además de angostos valles fluviales o «canutos», restos de vegetación relíctica del Terciario y mucho pinsapar. En estos parajes vive una variada fauna de ciervos, jabalíes, meloncillos, corzos, ginetas y nutrias, amén de águilas, alimoches, búhos reales y buitres leonados. Existe un centro de recepción de visitantes en Huerta Grande-Barriada El Pelayo, carretera N-340, km. 72, 11207 Algeciras (Cádiz) y Cortes de la Frontera, así como puntos de información en Medina Sidonia y Alcalá de los Gazules.
Para que escribiera sobre el parque natural de los Alcornocales me puse en contacto con mi amigo Juanjo Ibáñez que trabaja en el aula de la naturaleza del Picacho. Me mandó un pedazo de artículo: 
El gato de corcho
Como un gato, si… Como un gato. Así entiendo el concepto actual del Parque Natural Los Alcornocales.
Es un gato que cuando quiere se deja acariciar y te muestra su belleza, a veces en grandes paisajes, a veces en pequeños rincones y a la vez es huraño y te castiga con largas jornadas de total indiferencia. 


Es un gato que ronronea al son del levante y deja que el viento cálido le baile los bigotes, que aquí son más «barbas del levante» pero que no hay tejado  donde subirse para evitar las benditas tormentas que el poniente manda y que lo empapa hasta la cola. 
Es un gato sibilino, sigiloso, ágil, que logra pasar desapercibido entre los grandes núcleos de población de la provincia y evita la masificación turística, el desprestigio del «mal dominguero» las cicatrices de la perversión de lo sostenible que agota a otros espacios, en cambio otras veces sus guantes le impide cazar la cuota de turismo que le genere beneficios.

A veces un gato montes y salvaje  que no duda en sacar las uñas, en erizar el lomo y mostrar más que la ley de la calle, la ley de sus montes, en claro peligro de extinción.
Y otras es un gatito frágil, faldero, miedoso y huidizo que no logra enfrentarse a lo que se le avecina y al que todo el mundo intenta buscar tres pies al gato. 


Pero sobre todo, Los Alcornocales son un gato enfermo y abandonado, un gato negro maldito y raquítico por culpa de  una administración desbordada, que no sabe o no es capaz de ponerle el cascabel a este gato con el tema de la seca y la industria cinegéticas y una sociedad  a la que llevan mucho tiempo dando liebre por gato . 


Ojalá esta que está a punto de perder, no sea su séptima vida».

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