Podemos decir que, como la mujer abarcaba un campo tan amplio, no tenía delimitados un espacio y un tiempo para el reposo; en cambio, los niños, las niñas y el hombre sí. Como se verá, el bar era el lugar preferido de entretenimiento de los varones; no obstante, en el trabajo también había momentos para cierta relajación. Una de las actividades para rellenar esos tiempos muertos era «echar un cigarrillo», ejemplificada en esta imagen perteneciente al mundo de los corcheros, que al permanecer una quincena en el lugar de trabajo tenían tiempo para todo, incluido jugar y competir entre ellos.
En la sociedad tradicional, los roles de género estaban muy marcados. Para la mujer, el ámbito privado: la casa, la familia y todo lo que conllevaba. Para el hombre, el ámbito público, el trabajo oficial; ello incluía el ocio, el entretenimiento y el tiempo de descanso.
En la fotografía, dos trabajadores están «echando un palo». En México, esa expresión significa tener relaciones sexuales, pero en la España de los sesenta equivalía a echar una especie de pulso. Con un palo como elemento central, dos jugadores se sientan uno frente a otro y unen la planta de los pies. Los dos se agarran al palo con firmeza e intentan atraerlo hacia sí. Gana quien consigue romper la fuerza de equilibrio y levantar al otro, demostrando así su potencial. «Echar el palo» ponía a prueba la resistencia de los contendientes y era uno de los juegos tradicionales más practicados en épocas de trabajo en el campo; hoy se encuentra en franco peligro de extinción.
Esta forma de distraerse se consideraba un auténtico deporte y un componente interesante de la cultura popular.
