Si hay juegos que les gustaban a los hombres de la época, eran aquellos en los que se dilucidaba quién era el más fuerte, por eso hay tanta variedad. Estos juegos tenían unas connotaciones especiales, según el papel que cada sexo y grupo de edad desempeñaban en la sociedad. En el caso que nos ocupa, se trataba de mostrar a la comunidad la fuerza física, la resistencia y el valor adquiridos, ya que se apreciaban, especialmente, las cualidades físicas.
La inexistencia de medios de transporte ágiles y rápidos hacía que muchos trabajadores tuvieran que quedarse a dormir en el lugar de trabajo, siendo mucho el tiempo que pasaban juntos en el campo. Por eso, la socialización entre ellos era evidente y eran frecuentes los juegos durante el descanso, echando un cigarrillo, después de almorzar o una vez finalizada la tarea. Es el caso de la cuadrilla de corcheros de El Alisoso. En esta fotografía se entretienen con un juego clásico: el pulso. Normalmente, no había premio en metálico ni en especie, pero sí satisfacción moral y psicológica, recompensa que el género masculino, sobre todo si interviene la fuerza física, aprecia especialmente.
El hombre considera su fortaleza física como algo innato, algo que tiene que defender y cuidar, algo de lo que presumir. Por eso, estos juegos de lucha, que más tarde tornaron en actividades deportivas, tienen tanto predicamento entre los hombres y pueden considerarse como un elemento de la cultura popular.
