Para la supervivencia física y emocional es necesario formar parte de un grupo. En las sociedades tradicionales rurales, las condiciones de vida eran difíciles y las relaciones personales cobraban gran importancia; por ello, la amistad no solo era un vínculo sentimental, sino también social y económico. A través de ella se manifestaba la solidaridad frente a las circunstancias adversas, pero también el ocio, la diversión e incluso la cooperación económica.
El entretenimiento y el trabajo tenían su lugar difuso y complejo en las huertas, adonde los amigos iban a charlar, pasar el tiempo y ayudar si hacía falta, pero siempre sin «monetarizar» su colaboración. La permanencia en la huerta abarcaba todo el día, de sol a sol. Había tiempo para todo: trabajar, charlar, divertirse y, cómo no, comer. En torno a las huertas del flanco meridional del Benalup de Sidonia de esa época era típico organizar «guisotes», en los que abundaban las bromas; generalmente, el personaje «agraciado» sobre el que recaía la chanza era siempre el mismo.
Las huertas llegaron a tener mucha importancia económica y social. Mintz registró los momentos finales de la vida y «vidilla» que generaban estos espacios. En la imagen vemos el interior del casarón de la huerta Chica, propiedad de la familia Grimaldi. De izquierda a derecha aparecen Manuel y Antonio Grimaldi Mateos (de pie), Perico Montes de Oca, Juan Moreno (padre) y Miguel Grimaldi Mateos (detrás del tronco) a punto de tomar el café que uno de los Grimaldi ha traído de casa en un termo. La radio que preside la mesa servía para amenizar momentos más solitarios que se pasaban en el casarón. La escena transmite alegría, confianza, diversión, certidumbre, familiaridad, en definitiva, amistad. ¿Con quién mejor que con los amigos para pasar los tiempos de ocio y entretenimiento? Esta escena se hizo muy popular gracias a las fotografías de Mintz, aunque esta reunión, en concreto, era todo un clásico, al igual que algunos de los personajes fotografiados.
