Hoy es 14 de abril. En 1931, hace 77 años, se proclamó la Segunda República en medio de un clima de consenso y euforia que nada hacía presagiar su trágico final apenas ocho años después.
Es el periodo de la historia que más me gusta, no solo porque en ella tuvo lugar el periodo reformista más profundo de la historia de España, sino también porque fue escenario de tantas ilusiones y tantos sueños frustrados que la han convertido en un periodo central de nuestra historia, hasta tal punto de que fue la antesala de la revolución más moderna que ha conocido la historia contemporánea europea, según dicen algunos historiadores, y yo los creo.
Hace ya muchos años que, un 14 de abril, algunos alumnos a los que les di clase me regalaron un escrito y una bandera republicana. Al igual que ellos no se acuerdan de las pesadas clases y de los temibles exámenes, y sí de los viajes y las Semanas Culturales, nosotros, los profesores, también nos quedamos con detalles que nos impactan. Algunos de aquellos protagonistas leen este blog; gracias.
Mi abuelo paterno era de Izquierda Republicana, murió en julio de 1936 asesinado por los nacionales. Siempre ha sido para mí un mito. Pero un mito desconocido.
Antes de llegar a Benalup-Casas Viejas estaba convencido de que a la Segunda República la había derrotado una conspiración maligna de radicales de izquierda y derecha. Ahora no lo tengo tan claro. Casas Viejas me ha descubierto una nueva Segunda República, lo mismo que le ocurrió a una gran parte de España a partir de enero de 1933 con los sucesos.
Todas las contradicciones de este periodo las pusieron al descubierto un puñado de campesinos que creían que el anarquismo era la ideología adecuada para transformar el mundo en algo más vivible y habitable para ellos.
No obstante, me sigue gustando la laicidad del periodo, el intento de modernización de aquella vieja España que no estaba preparada para las acometidas de unos pocos idealistas o «adelantados a su época», la profundización democrática al optar por un sistema de gobierno republicano o el conato de encarar problemas como el agrario, el de la estructura de España, el de la educación, el papel de la mujer o el social.
Es un periodo complejo, emocionante e ilusionante. Hoy es un día para pintar en un folio, con rotuladores morados, amarillos y rojos, una bandera; aunque mañana nos sigan repeliendo los himnos y las banderas.


