Aplicando la máxima que utilizó Hemingway sobre la muerte a la vida entiendo el revuelo formado. Tengo un compañero que le dio Historia a Bibiana en el Sainz de Andino, aunque quiere disimularlo, seguro que a él le suenan los redobles de las campanas más fuerte que a mí. No conozco a Bibiana, de vista si y ella no sabe ni quien soy, pero yo también me he alegrado de que la nombren ministra. Ayer hablando por teléfono con un primo mío de Íllora, se lo dije, con cierto aire presumido, como si le comunicara un ascenso mio en el trabajo. Las causas de mi alegría además de la proximidad geográfica y ese sentimiento de pertenencia a un grupo en el que se basan las distintas tendencias políticas, radica en que el nombramiento de Bibiana Aido nos hace más cercana la política. Aido pertenece a una familia de izquierdas como otras muchas que conozco. Se trata de la ministra más joven de la democracia y eso da esperanzas. El nombramiento de Bibiana como ministra también me recuerda que la política está demasiado vilipendiada y que eso no es bueno, los políticos son necesarios, si no existieran habría que inventarlos. Pero también que políticos, activos o pasivos, somos todos, que la política te la hacen o la haces y que es necesario criticar, sugerir y opinar sobre los asuntos que tanto nos afectan y que están relacionadas con las cosas que nos pasan. Vivimos en pleno siglo XXI y aquella frase de Franco a Julio el breve «Tú haz como yo y no te metas en política» debería resultarnos desfasada y anacrónica.

