El mismo Berenguer, esto ya es una utilización pura y dura mía de otro cuento, cuando era pequeño, tuvo un accidente automovilístico en el que murió toda su familia. A él lo llevaron a un hospital, teniendo que vivir enchufado a una máquina. En la habitación había dos camas, una daba a una ventana y otra no. Él rehusó a la de la ventana pues pensaba que descansaría mejor en la otra. A las pocas semanas ingresan en su habitación a otro niño de edad parecida y que también había sufrido un accidente de tráfico con las mismas consecuencias que las suyas. A éste le endosan la habitación de la ventana. El hielo entre los dos niños se rompió progresivamente y la ventana jugó un papel importante. El reingresado contaba a Berenguer que por ella se veía la vida pasar. Le hablaba de niños jugando al fútbol, de enamorados besándose o de perros peleándose. Otro día le hablo de un robo que estaban cometiendo en ese momento unos audaces ladrones en el banco cercano.
¿tendrían cien años de perdón?. También le contó como en otro banco, el del parque, una anciana y un anciano hablaban y hablaban. Recuerda aquella frase «¿de qué hablaran si yan han hablado tanto?». Berenguer le pidió a su amigo que le cambiara la cama para él poder ver también la vida a través de la ventana. La negativa fue rotunda. Lo mismo que la progresiva transformación en odio de todos los sentimientos de amistad hacia su nuevo amigo. «¿Por qué no podía compartir la vida a través de la ventana con él?». Tanto odio se acumulo en Berenguer que desenchufó la máquina de su amigo. Cuando se lo llevaron pidió que lo trasladaran a la cama de la ventana. Una vez allí, miró por ella. El espectáculo que vio no se le olvidará jamas. Se trataba de una pared convencional y sucia de mugriento ladrillo. La pared, la bruja y el rinoceronte son los mismos protagonistas del mismo cuento. Sin la pared Berenguer no podría haber resistido al rinoceronte, ni a la bruja. Yo he cambiado el final del cuento del pueblo sabio, rico y guay para que me ligue con el de la pared y el del Rinoceronte. Es como la vida, un poco de verdad y un poco de narración, es decir, un mucho de cuento. Así vamos, respirando para no ahogarnos.
¿tendrían cien años de perdón?. También le contó como en otro banco, el del parque, una anciana y un anciano hablaban y hablaban. Recuerda aquella frase «¿de qué hablaran si yan han hablado tanto?». Berenguer le pidió a su amigo que le cambiara la cama para él poder ver también la vida a través de la ventana. La negativa fue rotunda. Lo mismo que la progresiva transformación en odio de todos los sentimientos de amistad hacia su nuevo amigo. «¿Por qué no podía compartir la vida a través de la ventana con él?». Tanto odio se acumulo en Berenguer que desenchufó la máquina de su amigo. Cuando se lo llevaron pidió que lo trasladaran a la cama de la ventana. Una vez allí, miró por ella. El espectáculo que vio no se le olvidará jamas. Se trataba de una pared convencional y sucia de mugriento ladrillo. La pared, la bruja y el rinoceronte son los mismos protagonistas del mismo cuento. Sin la pared Berenguer no podría haber resistido al rinoceronte, ni a la bruja. Yo he cambiado el final del cuento del pueblo sabio, rico y guay para que me ligue con el de la pared y el del Rinoceronte. Es como la vida, un poco de verdad y un poco de narración, es decir, un mucho de cuento. Así vamos, respirando para no ahogarnos.